Jun 02, 2020 Last Updated 11:00 PM, May 31, 2020

La Alegria de Ser Consagrados

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 Expectativas para el Año de la Vida Consagrada

¿Qué espero en particular de este Año de gracia de la Vida Consagrada? Se pregunta el Papa Francisco y nos preguntamos.

1. Que sea siempre verdad lo que dije una vez: «Donde hay religiosos hay alegría». Estamos llamados a experimentar y demostrar que Dios es capaz de colmar nuestros corazones y hacernos felices, sin necesidad de buscar nuestra felicidad en otro lado; que la auténtica fraternidad vivida en nuestras comunidades alimenta nuestra alegría; que nuestra entrega total al servicio de la Iglesia, las familias, los jóvenes, los ancianos, los pobres, nos realiza como personas y da plenitud a nuestra vida.

Que entre nosotros no se vean caras tristes, personas descontentas e insatisfechas, porque «un seguimiento triste es un triste seguimiento». También nosotros, al igual que todos los otros hombres y mujeres, sentimos las dificultades, las noches del espíritu, la decepción, la enfermedad, la pérdida de fuerzas debido a la vejez. Precisamente en esto deberíamos encontrar la «perfecta alegría», aprender a reconocer el rostro de Cristo, que se hizo en todo semejante a nosotros, y sentir por tanto la alegría de sabernos semejante a él, que no ha rehusado someterse a la cruz por amor nuestro.

 

En una sociedad que ostenta el culto a la eficiencia, al estado pletórico de salud, al éxito, y que margina a los pobres y excluye a los «perdedores», podemos testimoniar mediante nuestras vidas la verdad de las palabras de la Escritura: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12,10).

Bien podemos aplicar a la vida consagrada lo que escribí en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, citando una homilía de Benedicto XVI: «La Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción» (n. 14). Sí, la vida consagrada no crece cuando organizamos bellas campañas vocacionales, sino cuando los jóvenes que nos conocen se sienten atraídos por nosotros, cuando nos ven hombres y mujeres felices. Tampoco su eficacia apostólica depende de la eficiencia y el poderío de sus medios. Es vuestra vida la que debe hablar, una vida en la que se trasparenta la alegría y la belleza de vivir el Evangelio y de seguir a Cristo.

  • QUE ES LA ALEGRIA CRISTIANA:  

 Benedicto XVI la define así: “La alegría cristiana entonces se sostiene en esta certeza: Dios está cerca, está conmigo, en la alegría y el dolor, en la salud y la enfermedad, como amigo y esposo fiel. Y esta alegría permanece en la prueba, en el mismo sufrimiento, y no se queda solo en la superficie, sino que está en el fondo de la persona que a Dios se confía y en Él confía”. Como ejemplo de esta alegría cristiana en medio de las pruebas, el papa destaca la figura de Santa Teresa de Calcuta, quien “vivía cotidianamente en contacto con la miseria, la degradación humana, la muerte. Su alma ha conocido la prueba de la noche oscura de la fe, y a pesar de ello siempre tuvo para todos la sonrisa de Dios”. (Benedicto XVI Angelus. 16 Dic 2007).

  • LA ALEGRIA EN LA SAGRADA ESCRITURA. 

La sagrada escritura es un canto a la alegría

  • Génesis: “Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno” (Gn 1, 31)
  • Isaías. “Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te constituyó, la alegría que encuentra el esposo con la esposa la encontrará tu Dios contigo” (Is 60,15; 62, 5)
  • San Lucas. “El ángel le dijo: No teman. Miren les doy una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo” (cf. Lc 2, 10).
  • Los evangelios. Exalta de buena gana la alegría del sembrador y del segador; la del hombre que descubre un tesoro escondido; la del pastor que encuentra la oveja perdida o de la mujer que halla la dracma; la alegría de los invitados al banquete, la alegría de las bodas; la alegría del padre cuando recibe a su hijo, al retorno de una vida de pródigo; la de la mujer que acaba de dar a luz un niño.

Estas alegrías humanas tienen para Jesús tanta mayor consistencia en cuanto son para él signos de las alegrías espirituales.

  • La alegría pascual. No es solamente la de una transfiguración posible: es la de una nueva presencia de Cristo resucitado, dispensando a los suyos el Espíritu, para que habite en ellos. Así el Espíritu Paráclito es dado a la Iglesia como principio inagotable de su alegría de esposa de Cristo glorificado. 

SIGNOS DE LA ALEGRIA DE UN CONSAGRADO.  

  1. La alegría de ser persona: Hombre o mujer. “El hombre es el único ser amado y pensado por Dios” (Constitución Gaudium et spes. N°24). Fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Antes de entrar en una comunidad somos personas. Por ello en un consagrada no debe haber nada de complejo de inferioridad, lejos de los consagrados expresiones como estas: “yo no valgo nada, yo no sirvo para nada, yo soy un obstáculo para mi comunidad, a mí no me tienen en cuenta, todos me miran extraño”. Debemos reconocer que sólo sobre una persona, sobre un cristiano se construye un consagrado. Las fallas en nuestra vida consagrada, son fallas en el ser persona, porque no pulimos nuestro temperamento, no tenemos dominio de nosotros. ¡Alégrate eres persona! 
  1. La alegría de ser llamados: “Yo te he llamado por tu nombre”, eres mío, me perteneces” (Is 43, 1). Oí una voz que decía a quién enviaré, quien irá de parte nuestra. “heme aquí envíame a mí” (Is 6,8), “no me habéis vosotros elegido fui yo quien los elegí” (Jn 15, 16). Sorprendidos muchas veces uno se pregunta porque a mí? ¿Qué vio Dios en mí para llamarme?, ¿No había en mi casa gente mejor? Repasemos nuestra historia personal, vocacional, cuanta gente a nuestro lado, sin embargo me llama a mí y le decimos al Señor, ¿porque a mí? porque quise, “el señor lo que quiere lo hace” (Sal 134, 6). “Llamó a los que él quiso” (Mc 3, 13). No les parece un motivo de alegría, no es para saltar de gozo y con la Virgen María decir: “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí” (Lc 1, 49)
  1. La alegría de servirle a Él con un carisma concreto. Las comunidades religiosas, son los diferentes rostros de Cristo y de la Iglesia. Pablo afirma: “el cuerpo es uno, cada miembro es importante”     (1 Cor 12, 12). Unos se dedican a servir con alegría en la educación, los enfermos, los ancianos, niños, jóvenes, pobres… etc. Otras veces con las limitaciones. Se es doblemente consagrado en la enfermedad y el sufrimiento. Las preguntas que en este momento me tengo que hacer es: ¿me siento feliz con mi carisma?, ¿con mi comunidad? ¿Hago posible la vida de mi comunidad o soy un obstáculo?, ¿en un cambio, veo que el Señor me llama a otro servicio? Los cambios duelen, pero engendran una nueva alegría, porque confirman el llamado del Señor. Nuestra preocupación no debe ser solamente nuestro carisma, sino buscar la meta que es la santidad, nos recuerda el Beato José Allamano.
  1. La alegría de mostrarle al mundo que vivo feliz (Cf. D.A N°219) Un medio concreto de mostrar que vivo feliz es con la puesta en práctica de los consejos evangélicos.
  • Frente a un mundo que persigue la libertad, que pide no tener normas, los consagrados proclaman la Obediencia pronta y alegre. Es preguntarle a Dios que quiere de mí, con un nombramiento, con este encargo.
  • Frente a un mundo de consumo: que tiene como lema utilice y bote, o amigo cuanto tiene cuanto vales, los consagrados proclaman la Pobreza, a ejemplo de Cristo que siendo rico se hizo pobre por nosotros. No es que vivamos arruinados, sino que sepamos utilizar las cosas en tanto y cuanto nos acercan o nos alejan de Dios.
  • Frente a un mundo erotizado, que banaliza la sexualidad, que tiene como lema: Conocerse – besarse – acostase, los consagrados vivimos la Castidad, que es cuidar de un amor puro, que es el Señor. Llevar bien nuestra castidad, para que la gente nos vean felices, no amargados, como añorando cosas.
  1. La alegría que contagia.
  • La Samaritana, contó lo que le había dicho el Señor.
  • La mujer al encontrar la moneda, hizo una fiesta.
  • El pastor al recuperar la oveja, la cargó en sus hombros.
  • Los discípulos al ver al resucitado, se llenaron de alegría.
  • Pensemos. Con mi vocación, con mi carisma, ¿soy motivo de alegría?  ¿A cuántas personas he encantado de Jesús? ¿Quién me ha dicho hermano, que tengo que hacer para entrar en su comunidad? Los que visitan nuestras casas, parroquias, casa de formación, ¿experimentan algo diferente? ¿O todo lo ven igual? Decía el papa Benedicto XVI: “El mejor testimonio para un joven es ver a un sacerdote alegre y comprometido con su misión”.
  • Recordemos que los consagrados tristes, aburridos, desmotivados no atraen, para qué una vocación así.
  • No tenemos fórmulas mágicas, no debemos caer en pesimismo contagioso, ni alentar espejismos triunfalistas. Sólo la fe en Dios y la alegría que los demás ven en nosotros, es el signo para evangelizar.

 Gracias consagrados misioneros. 

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