Oct 19, 2021 Last Updated 7:03 AM, Oct 19, 2021

Impactos de la realidad sociocultural y religiosa desde America Latina

Categoria: Missione Oggi
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BÚSQUEDA DE RESPUESTAS

J. B. LIBÂNIO


I. Introducción: delimitación de los conceptos

En este principio de milenio, las sólidas naves de la modernidad, que atravesaron mares bravíos, se ven hoy sacudidas violentamente por grandes tormentas. Se está configurando una cultura que corroe los mitos modernos, las formas tradicionales económicas y políticas, las sólidas bases de la racionalidad, las vetustas instituciones religiosas. En este torbellino, se encuentra sumergida la VC.
Vida religiosa

En este texto, la VC se entiende a partir de tres elementos estructurales: experiencia fundante de Dios, vida comunitaria y misión y no tanto a partir de los votos. Estos se comprenden en relación con los tres elementos indicados. Están surgiendo otros tipos de VC que desplazan los acentos y configuran una nueva experiencia, sobre todo comunitaria.
Contexto actual

El mundo contemporáneo se analiza bajo los aspectos culturales que manifiestan una extrema complejidad. Hay un debate entre la cultura de la vida, que se ocupa de la pastoral de los niños hasta la ética del cuidado de los ancianos, y la anticultura de la muerte que va desde los principios abortivos hasta la exterminación en masa por las enfermedades endémicas, las armas de destrucción y el azote del hambre. El pluralismo, por la variedad de etnias, culturas, valores y religiones, se extiende provocando el polo opuesto de la uniformidad globalizante de la koiné del inglés informatizado, de los fanatismos y fundamentalismos exclusivistas, de las ortodoxias canónicas y dogmáticas.
A esto se añáde la complicación de la mentalidad postmoderna que conjuga como una paradoja la sed ardiente de lo sagrado con la invasión de la secularización, la seducción por la Transcendencia con una sex-ducción rastrera, la sed de amor e intimidad afectiva con un desenfrenado desorden amoroso.
Estas expresiones culturales no fluctúan en el vacío de la superestructura, sino que están producidas y alimentadas por las esferas económicas y políticas, cuyas expresiones más importantes son el neoliberalismo como la peor manifestación de la globalización financiera, la decadencia de la democracia formal, la movilización migratoria de los pobres, excluidos y desempleados. No existen cambios culturales consistentes sin radicales transformaciones económicas y políticas. Sin embargo, el papel principal de la VC está en lo cultural, con un ojo puesto en lo económico, como factor primordial. No necesitamos de ningún marxismo para afirmarlo, basta mirar al papel de la administración económica de las instituciones, incluso las religiosas, para constatar las aberraciones que se cometen en todo lo referente a lo económico, en flagrante contradicción con los principios éticos que la rigen.
La VC, situada en este contexto contemporáneo, participa de la cultura de la vida y de la anticultura de la muerte. Como la VC es un don de Dios a la Iglesia y al mundo, tenemos la responsabilidad de velar y preocuparnos por ella con la máxima lucidez posible, en esta perturbada coyuntura mundial.
América Latina

América latina no entra en esta reflexión como circunscribiéndose a la VC que se estudia, sino como punto de vista para entender el conjunto de la VC. Es el lugar en el que se ve la totalidad de la realidad. Y, por tanto, una totalidad percibida desde una parcialidad..
Este lugar se llama Sur, que es la “metáfora del sufrimiento humano causado por el capitalismo”. Significa resistencia a la dominación del Norte, autenticidad de lo que en él no quedó totalmente desfigurado o destruido por esa dominación ni se transformó en resultado de la relación colonialista capitalista, según las contundentes expresiones del científico político portugués Boaventura Santos . Y desde la periferia las estructuras de poder y saber administradas por el Norte se tornan más visibles.
La plataforma religiosa de América Latina se distingue de la europea por tener una matriz dominante sincretista, una religiosidad de fondo en proceso de fragmentación y de subjetividad en las conciencias y una pluralidad creciente de agencias religiosas de prestación de servicios; mientras que en Europa la religión está siendo sometida a un virulento proceso de secularización, a pesar de sufrir también la “revancha de lo sagrado” y la presencia de lo “sagrado salvaje”
El Congreso ha situado el conjunto de la reflexión en una perspectiva intercultural: región, género, edad, diversidad de oficios/cargos, en una cuádruple fidelidad: al hombre de hoy, a Jesucristo y al Evangelio, a la Iglesia y su misión en el mundo, y a la VC y los carismas del instituto.
Perspectiva de la presente reflexión

Se trata de una lectura analítica no moralista en la que se apuntan aspectos restrictivos y propositivos. Pretende conducir a un discernimiento de la realidad en su ambigüedad, perplejidad y paradoja. Supone un aproximarse a la realidad, entenderla en su complejidad, a fin de captar los elementos históricos y estructurales para obtener pistas de respuesta. Asume los cuatro verbos indicados en el documento de trabajo del Congreso: acoger, dejarse transformar, iniciar una nueva práxis y celebrar. Estar atentos a lo nuevo que ya está surgiendo como don de Dios, así como a lo que puede brotar en la prolongación del presente o nacer de manera imprevista.
II. Elementos del mundo contemporáneo
1. Miedo de la libertad y de la responsabilidad.
Descripción
En el momento actual se está viviendo una paradoja respecto a la libertad. Se puede introducir una distinción entre libertad de elegir y libertad teológica. La primera se practica en relación con los bienes materiales y simbólicos. Cuanto más entremos en la sociedad moderna, más libres seremos para escoger alternativas y oportunidades. Las personas provenientes del mundo rural se sienten embriagadas ante esta libertad, al sumergirse en el mundo de las grandes ciudades con ofertas en todos los campos hasta agotar toda elección posible. Se percibe fácilmente el aspecto ilusorio de esta libertad cuando las personas se vuelven esclavas del consumismo. Dejemos esta libertad aparte.
La libertad fundamental, o teológica, porque la interpretamos a la luz de la revelación, se limita al respeto de la esencia del propio yo. Y encuentra su momento más importante, profundo y radical cuando nuestro yo se sitúa delante de Dios en la elección más importante: elegirlo o rechazarlo Ya que este acto nos configura para toda la eternidad, tenemos un miedo terrible a semejante libertad. Y es ella la que está en juego fundamentalmente en la VC. El miedo a tomarla entre nuestras manos dificulta la posibilidad de asumir la seriedad de la VC y su ser definitivo. Envuelve al ser humano en su totalidad para la vida y para la muerte. De ahí el miedo enorme, pues en ella nos lo jugamos todo. En una cultura de lo provisorio y del usar y tirar, la libertad, vivida en el sentido pleno de entrega de si a lo Trascendente, atemoriza por su carácter definitivo. Es una libertad que no se realiza en el mundo de las cosas, sino en la confrontación con otras libertades que expresan y concretan para nosotros la libertad del Dios que nos llama.

Búsqueda de respuestas

El camino para enfrentar el miedo a la decisión se encuentra en la formación para la libertad. Hay dos perspectivas fundamentales en la comprensión de la libertad: conquista y don. En el mundo político, la libertad aparece como la gran bandera de la Revolución Francesa que se plasmó en la Carta de los Derechos Humanos bajo distintas formas. Fue una conquista a costa de mucha sangre. En el campo económico, el capitalismo proclama la libre iniciativa como dogma fundamental. Los trabajadores celebran una serie de derechos sociales vinculados a la libertad, obtenidos por medio de luchas increíbles, de las que el 1º de Mayo es un símbolo. Cierta filosofía existencialista contrapone la existencia de Dios a la afirmación conquistada de la libertad humana. El psicoanálisis lleva la batalla por la libertad al mundo inconsciente. En esta perspectiva, la formación para la libertad se configura como un incesante combate contra fuerzas que nos la bloquean. Es un aspecto que no se puede descuidar, porque toda libertad humana se enfrenta con adversarios externos e internos. Y la VC no está exenta de esta dificultad.
En una perspectiva teologal, la libertad se ve como don en las dos vertientes de la creación y la gracia. Dios crea al ser humano libre y lo sostiene en su existencia como persona libre , La libertad, herida por el pecado pero no totalmente destruida, queda liberada por la gracia victoriosa de Cristo. La teología paulina está ahí para confirmarnos en esta línea.
La libertad, vista como gracia, trae consecuencias benéficas para la formación. Suscita una actitud de gratitud y de responsabilidad. Elimina la amargura de las reivindicaciones beligerantes y las posturas de independencia y autonomía totales, para situar la libertad en la línea de la relación fundamental con Dios y con otras libertades, también don de Dios. De ahí que la libertad se realice precisamente al confrontarse con la libertad de Dios y la de los hermanos y con los compromisos religiosos, que no son negación sino realización más plena.

2. Pérdida de la conciencia histórica y ética

Descripción

La pérdida de la conciencia histórica caracteriza este momento predominantemente post-moderno. Se diluye el pasado, se oscurece el futuro y queda el presente sin historia. Un factor decisivo de la pérdida de la conciencia histórica son las tecnologías de la información que nos transmiten los datos sin contexto, sin orientación, sin tapujos, sin criterio de valores, en una pura inmediatez, en continuo “on line”. Todo es puro presente, sin poder distinguir lo real de lo virtual, en un verdadero mundo de la “simulación” (J. Baudrillard). No hay mañana, ni se responde por él. Existen varias expresiones para traducir esta situación: fin de la historia y de los puntos de referencia , o fin de la utopía y destrucción de la historia. Pero, en el fondo, hay una sospecha generalizada ante las realidades, concepciones, ideologías y teologías que desafían la transitoriedad del presente. Y en esta situación está también sumergida la VC.
Con el fin de la historia desaparecen la responsabilidad y la ética, en su dimensión incondicional. No nos comprometemos definitivamente con nada ni con nadie. Cada decisión es sólo presente. Puede ser revocada por otra igualmente presente. La superficialidad impide asumir compromisos definitivos. Uno se pregunta si esta poca conciencia histórica de los jóvenes es un dato cultural o si es un defecto por una formación poco profunda. Probablemente depende de ambos factores.
La historicidad es dimensión fundamental de nuestra identidad humana y cristiana y, por consiguiente, de la VC. Por eso, sin ella, difícilmente formaremos a una identidad consistente en la VC.
Búsqueda de respuestas

En la década de los 70 la VC en América Latina asumió con seriedad la educación de la conciencia crítica siguiendo las huellas de la educación liberadora de Paulo Freire Forjamos pequeños instrumentos para ayudar a formar conciencia crítica en diferentes situaciones . Eran puntos necesarios en las asambleas, en la revisión de obras, en el estudio de las comunidades. Desgraciadamente parece que tenemos que volver a pensar esta problemática en tiempos de post-modernidad, de extrema subjetividad, de indocilidad ante la realidad . No se trata de provocar las críticas a las instituciones y realidades sociales que están fuera de nosotros, sino de un volverse crítico sobre sí mismo, en un juego de inserción y emersión, de proximidad y distancia.
La educación necesita desarrollar en las personas la capacidad de juzgar y apreciar la propia experiencia, el propio pensamiento, el propio actuar, la propia situación, tomando conciencia de sí mismo en un determinado contexto. Tres aspectos son fundamentales en la formación de la conciencia crítica: conciencia del carácter de la situación, conciencia de lo posible y conciencia de los mitos del momento. Por el carácter de la situación se evita la universalización ideológica de lo particular: el límite de la conciencia posible permite entender las fronteras del pensar y actuar de determinado tiempo y espacio; y el conocimiento de los mitos rompe el engaño de evidencias de la cultura actual.
Educar a la conciencia crítica e histórica se hace recorriendo el trayecto de los conceptos y de las teorías en los estudios. Mientras, hay una cierta ambigüedad en la comprensión de la historicidad. Esta permite un proceso de liberación, al desenmascarar como relativos, situados y contextualizados conceptos y posiciones que se han arrogado derecho y poder universales. Hay, sin embargo, un doble peligro de generar relativismo e historicismo. El relativismo destruye toda posibilidad de construir algo consistente ya que “todos los proyectos de transformación social son igualmente válidos o, lo que es lo mismo, igualmente inválidos” . El peligro opuesto viene del historicismo que imagina la historia como un desarrollo linear y juzga todos los momentos y todas las culturas, sobre todo de los países periféricos, a partir del desarrollo de los países centrales. Se consideran modelo linear del desarrollo y determinan las etapas que deben recorrer los que vienen detrás, como modelo de crecimiento del ser humano. El modelo historicista nunca conseguirá entender e imaginar que una región periférica pueda ser mucho más evolucionada - en algunos aspectos - que un país considerado desarrollado.
La creación y desarrollo de una conciencia crítica e histórica viene favorecida por el diálogo. Tomando del documento de trabajo la metáfora de la samaritana y añadiendo la escena de la confesión de Pedro, aparece la naturaleza de este diálogo: que esté movido por el amor. Sólo el amor reestructura a las personas por dentro, abriéndoles horizontes de valor, responsabilidad y compromiso. San Agustín lo resume muy bien al decir “Somos lo que amamos” El religioso sabe que el primer samaritano es Dios Padre. El nos envía al samaritano Jesús y se nos acerca a través de otros innumerables samaritanos que nos curan las llagas post-modernas de la superficialidad, la banalidad y la vacuidad de las decisiones.

3.Contexto neoliberal y mediático

Descripción

Sin entrar en la cuestión política y económica del neoliberalismo y en las implicaciones de este tipo en el mundo mediático, me pararé en el aspecto ideológico y cultural.
La fuerte presencia mediática desmonta las referencias fijas y universales, multiplicando los modelos y concepciones de la vida. Las propagandas bombardean las motivaciones, creando la lógica del estímulo-búsqueda, yendo más allá del simple juego capitalista de la oferta y la demanda El espíritu nihilista invade la sociedad. Esto significa que los valores supremos se desprecian, la pregunta “para qué” carece de respuesta, faltan objetivos. “El nihilismo es precisamente el ateísmo, no como actitud sino como espíritu. Es la desaparición de los fundamentos éticos de la vida y de su milenaria fundamentación en la esfera de lo sagrado”. “El nihilismo es fundamentalmente axiología: es la aceptación de la nada como principio y fin de todos los valores” . Experiencia traumática que ha provocado resistencias imprevisibles en la post-modernidad.
La ideología neoliberal, sustentada por la cultura mediática, propaga los valores de la salud, el culto a la belleza y al cuerpo, el carácter decisivo de la apariencia. Es el reino del físico y del marketing. Este triunfo de la mediática alcanza de lleno el mundo de la VC. Ocupa el tiempo exterior e interior de los religiosos. Influencia la manera de pensarse como religiosos. Desentraña los elementos sociales de la vida. Crea identidades virtuales y confusión entre lo real y lo virtual.
Más grave todavía es el hecho de formarse identidades egocéntricas y carentes de comunidades emocionales , con nítida pérdida de la dimensión social. El contexto liberal propicia la creación de identidades narcisistas, centradas en el cultivo de sí mismas, de su apariencia y para grupos que refuercen tal dimensión existencial. Se alimentan de la cultura mediática.
Intimamente unida al neoliberalismo, en una relación circular de causa a efecto, encontramos la globalización. Refuerza el neoliberalismo que, a su vez, azuza esta globalización. Tras él van creciendo la pobreza y múltiples formas de injusticia social con discriminación colectiva.
En términos psicoculturales, la globalización despersonaliza, desarraiga, anula la historia, sobre todo de los pueblos pobres y sencillos, que tienen menos posibilidades de reaccionar y de resistir. En cambio, en muchos lugares está provocando posiciones reactivas de racismo, xenofobia, nacionalismo, castas.
Búsqueda de respuestas

El Padre General de una gran Congregación religiosa, al hacer balance, constataba un claro retroceso en cuanto al compromiso de solidaridad con los pobres y la necesidad de “encontrar el camino de los pobres” y de crear un “estilo de vida personal y comunitario en solidaridad con los pobres”. Constataba que solo el 9% de sus miembros estaba dedicado al sector específicamente social, aunque comprobaba también, con un mirada de esperanza, que los ministerios se impregnaban de la opción por los pobres.
Un estudio sobre Nuevas Generaciones constata que la motivación de la opción por los pobres todavía pesa en la elección vocacional, a pesar de percibirse en otros momentos, un descenso de este entusiasmo. Probablemente hay cierta ambigüedad en la motivación. Una cosa es decir que se está motivado por “la causa de los pobres” y otra es desear vivir y permanecer junto a los pobres como “un modo evangélico” de vida que solo puede apoyarse en una mística de identificación con Jesucristo.
En otras palabras, el ansia por desarrollar una solidaridad con los pobres permite tres horizontes diferentes. En un primer caso, se contentaría con actos de solidaridad aislados y, a veces, sólo esporádicos. Tranquilizar la conciencia con ellos. Un paso más, sería buscar una presencia junto a los pobres en la defensa de sus derechos con una convivencia intermitente e incluso una vida de inserción en su medio. Un grado superior consistiría en desarrollar una cultura de la solidaridad. Y cuando se dice cultura, se entiende la creación de un universo simbólico real en el que los gestos, los pensamientos, las acciones de las personas solo son inteligibles para sí, y para los demás, en el ámbito de la solidaridad. Este sería el mayor ideal de la opción por los pobres.
La globalización se interpreta a partir de la metáfora de Babel. Una lectura atenta del texto descubre que la confusión de las lenguas es obra de Dios mientras que el deseo de una sola lengua, - creando una unidad y uniformidad por fuera -, es producto de la “hybris” humana por medio del imperio y la fuerza dominadora. Globalización es la obra del poder y de la imposición de los señores del mundo que quieren erigir la gran torre y, desde lo alto, imponer la lengua única del mercado. Viene Dios y crea la confusión de los pobres, de las periferias que no aceptan esta dominación. Dios es confusión del poder unificador.
Prosiguiendo la parábola, la VC, desde hace siglos, va creando un lenguaje uniforme y, mira por donde, la post-modernidad siembra la confusión con las nuevas formas y expresiones. Tal vez sea esta la forma de actuar de Dios.
Alguien podría responder con otra metáfora bíblica: pentecostés. Ahí parece que sucede todo lo contrario. El Espíritu unifica: esta interpretación se utiliza mucho. Pero si se observa bien el texto, éste no dice que los apóstoles hablaban una única lengua y todos entendían, sino que cada uno entendía en su propia lengua, es decir, en la diversidad.
Uniendo estas metáforas, la globalización aparece como una imposición que el Espíritu de Dios destruyó por medio de la confusión en las reacciones (Babel), y por la diferencia de recepción de la misma (Pentecostés). La uniformidad viene de fuera, la percepción interpretativa viene de dentro, de la experiencia, de la libertad, de la conciencia.
En la línea de la respuesta, se impone la necesidad de la inculturación y la flexibilidad institucional. Se abre aquí una enorme capacidad de esperanza y expectativa. Estamos apenas iniciando los pasos de una auténtica inculturación, a pesar de que este tema ya se viene tratando ampliamente, sobre todo en el ámbito del diálogo inter-religioso.


4. Confusión entre vocación y profesión.


Descripción

La modernidad avanzada ha confundido las realidades de vocación y profesión, como consecuencias para la identidad del ser religioso. Profesión significa competencia, eficiencia, productividad, reconocimiento social. Exige y se preocupa de la preparación para poder ejercer. Se participa en una serie de cursos y títulos para adquirir cada vez mayor credibilidad ante la sociedad y de esta forma obtener éxito y remuneración. La profesión no soporta el fracaso. Termina cuando la persona se vuelve incapaz de ejercerla por causa de la edad, la enfermedad o la jubilación. No resiste al tiempo. Está fuertemente condicionada por factores externos a la persona.
La vocación, a su vez, pasea la gratuidad por el mundo. La motivación viene del interior. Revela un “ más” a través de cualquier actividad ejercida por esa persona. En las situaciones más adversas, como enfermedades o vejez, la vocación persiste, aunque sea sólo bajo forma de oración y donación de la vida. Tiene un carácter de perennidad, propio de la entrega a Dios.
En una lectura teológica, la vocación pertenece antes al carisma que a la institución. Encuentra su última fuente en la llamada de Dios tanto en la vida seglar como en la religiosa.
Búsqueda de respuestas

Vocación y profesión no son dos cosas separadas, sino dos dimensiones diferentes de la actividad humana, con distintivos específicos. La identidad del religioso/a implica una relación propia entre las dos, y se siente amenazada cuando la profesión se sitúa por encima de la vocación.
Lo primordial viene de la vocación. Ella da sentido y motivación a la profesión, y no viceversa. La VC lee la competencia profesional a partir y en función de la vocación, y no como una realidad autónoma.
Profesión y vocación se distinguen, aunque se articulan. La sociedad actual valora la profesión hasta tal punto que se convierte en criterio de valoración de una vocación. De ahí las crisis continuas. El camino de la formación parece ser el inverso: leer la profesión en vistas de la vocación según el criterio ignaciano de tantum quantum. Más profesión cuanto más ayuda a la vocación y a la misión.
La raíz de la solución está en una comprensión teológica de la vocación que, como llamada de Dios, da sentido a la profesión. Ésta entra en la VC como expresión y concreción de una vocación mayor, don de Dios. No existe una vocación puramente secular en la VC.

Descripción

La modernidad avanzada ha confundido las realidades de vocación y profesión, como consecuencias para la identidad del ser religioso. Profesión significa competencia, eficiencia, productividad, reconocimiento social. Exige y se preocupa de la preparación para poder ejercer. Se participa en una serie de cursos y títulos para adquirir cada vez mayor credibilidad ante la sociedad y de esta forma obtener éxito y remuneración. La profesión no soporta el fracaso. Termina cuando la persona se vuelve incapaz de ejercerla por causa de la edad, la enfermedad o la jubilación. No resiste al tiempo. Está fuertemente condicionada por factores externos a la persona.
La vocación, a su vez, pasea la gratuidad por el mundo. La motivación viene del interior. Revela un “ más” a través de cualquier actividad ejercida por esa persona. En las situaciones más adversas, como enfermedades o vejez, la vocación persiste, aunque sea sólo bajo forma de oración y donación de la vida. Tiene un carácter de perennidad, propio de la entrega a Dios.
En una lectura teológica, la vocación pertenece antes al carisma que a la institución. Encuentra su última fuente en la llamada de Dios tanto en la vida seglar como en la religiosa.
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Vocación y profesión no son dos cosas separadas, sino dos dimensiones diferentes de la actividad humana, con distintivos específicos. La identidad del religioso/a implica una relación propia entre las dos, y se siente amenazada cuando la profesión se sitúa por encima de la vocación.
Lo primordial viene de la vocación. Ella da sentido y motivación a la profesión, y no viceversa. La VC lee la competencia profesional a partir y en función de la vocación, y no como una realidad autónoma.
Profesión y vocación se distinguen, aunque se articulan. La sociedad actual valora la profesión hasta tal punto que se convierte en criterio de valoración de una vocación. De ahí las crisis continuas. El camino de la formación parece ser el inverso: leer la profesión en vistas de la vocación según el criterio ignaciano de tantum quantum. Más profesión cuanto más ayuda a la vocación y a la misión.
La raíz de la solución está en una comprensión teológica de la vocación que, como llamada de Dios, da sentido a la profesión. Ésta entra en la VC como expresión y concreción de una vocación mayor, don de Dios. No existe una vocación puramente secular en la VC.

5. Falibilidad de las Instituciones: pérdida de la fuente de garantía

La VC recibió, y continua recibiendo de la Institución de la Iglesia un enorme incentivo, especialmente en relación con las nuevas formas que se gestan a partir de los movimientos de renovación y de nuevas experiencias de comunidad. Por otra parte los dicasterios continúan poniéndole normas.
La institución eclesiástica católica se ve amenazada, como toda institución de la post-modernidad, por una creciente pérdida de credibilidad, incluso en su forma suprema. En otros momentos, los ataques contra ella venían de los enemigos. Y esto acababa haciéndola más fuerte. La novedad del momento actual consiste en que la propia Iglesia reconoce su fragilidad. El Concilio Vaticano II, ante la santidad de Cristo, se confiesa santa, pero también pecadora, necesitada de purificación, buscando sin cesar la penitencia y la renovación. De manera concreta y muy visible, Juan Pablo II pidió perdón público por los pecados y errores históricos de la Iglesia, algunos graves y contra los derechos fundamentales del ser humano En otro lugar escribe: “Incluso siendo santa por su incorporación en Cristo, la Iglesia no se cansa de hacer penitencia: siempre reconoce como propios, ante Dios y los hombres, a los hijos pecadores” .
Si, por un lado, fue un acto de grandeza de espíritu, por otro generó cierta inseguridad. Si en el pasado se cometieron errores graves, también en el presente se pueden cometer equivocaciones. De este modo, afirmaciones que antes eran garantía absoluta de verdad y credibilidad, hoy dejan una sombra de sospecha: “quien sabe…” Tenemos la obra de González Faus para ponernos en alerta .
Búsqueda de respuestas

La dificultad de oponerse a esta sospecha es tanto mayor cuanto hoy se ha ido creando un rechazo generalizado a las instituciones. La crisis de confianza afecta a todas las instituciones. El movimiento de Mayo 68 en Francia fue el epicentro de la crisis. Desde entonces no se han recuperado las instituciones políticas, sociales y culturales. La Iglesia no está exenta de esta pérdida de prestigio, aunque en Brasil goce todavía de una respetabilidad razonable. En otros países, especialmente después de la exposición mediática de los escándalos sexuales en su interior, la pérdida de credibilidad ha aumentado. La prensa la caricaturiza con frecuencia, aprovechando negativamente sus posiciones, sobre todo en el campo de la moral sexual y familiar.
Hay una formación difícil para “sentire in et cum Ecclesia”, que “no expresa solamente un sentimiento favorable hacia la Iglesia, sino también el pensar y comulgar enteramente con la Iglesia, con la cabeza y con el corazón”. Estamos en el centro del problema de encarnación de la gracia. Si en el tiempo de Jesús, su carne fue escándalo para muchos que no consiguieron ir más allá y reconocerle como Mesías o el Enviado de Dios, hoy la Iglesia provoca el mismo escándalo. Creer en la sacramentalidad salvífica de la Iglesia en un momento cultural en que su fragilidad, su condición de pecadora está expuesta al máximo, supone una dimensión profunda de fe. La desconfianza, la sospecha y sobre todo, los comportamientos paralelos se tornan muy comunes en el interior de la Iglesia y también, por qué no decirlo, de la VC.
Este es el momento de profundizar la relación entre Iglesia y Reino de Dios en la perspectiva de las parábolas del Reino. Las metáforas del fermento, de la semilla, de la perla escondida permiten captar la dimensión de misterio interior de la Iglesia, a pesar de todas las dificultades que provienen de su exterior. Únicamente una experiencia mística de amor posibilita esta lectura que lleva a evitar los dos extremos de la rebeldía iconoclasta y de la adulación servil.


6. Post-modernidad fluida en la VC
Descripción

La VC sufre un fuerte impacto en el momento actual proveniente de la post-modernidad. Sería demasiado largo analizar sus características y polémicas. Tomaremos algunos elementos de consenso.
La palabra ya demuestra una cierta ambigüedad. Es un “post” que no es solo post, sino también “con”. Hay, por lo tanto un post-con-moderno en que conviven elementos de estos dos momentos y un post-pre-moderno que salta aspectos de la modernidad occidental y encuentra algunos de sus valores fundamentales por otra via cultural. Post-modernidad no viene tras la muerte de la modernidad. Ésta está bien viva y avanza, bajo diversos aspectos, como por ejemplo, en la tecnociencia triunfante en los sectores de la biogenética y la informática.
La teología de la liberación contraponía una Segunda Ilustración de corte crítico social, inspirada en Marx, a una Primera Ilustración que alimentó la ideología burguesa. Así también, al hablar de post-modernidad, se puede proponer otra “de oposición” que se sitúe críticamente ante la post-modernidad dominante, aunque comulgue con ella en muchos puntos. Esta descripción sintética asume tanto aspecto de concepción dominante como los que propugnan una posición de oposición en la forma post-colonialista. .

Corte filosófico-científico y psico-sociocultural

La post-modernidad dominante cuestiona y mina los dogmas científicos y filosóficos que prevalecieron en la modernidad, proponiendo alternativas. En el nivel lógico-científico: una razón plural y un pensamiento complejo; una concepción constructivista, relativista, sincrética y aproximativa de la verdad reforzada por la teoría cuántica; la Inter.,- multi y transdisciplinariedad; los pequeños relatos y la pluralidad de fuentes de conocimiento; el principio de la reflexibidad . En el campo ético: la necesidad de la construcción de una ética global; la valoración de los fines en relación con los medios. En el mundo social: la pluriformidad de las formas de familia; énfasis en la fragmentación, en los márgenes o periferias; la heterogeneidad y la pluralidad de las diferencias, de los agentes, de las subjetividades; una reconstrucción de utopias plurales, realistas y críticas desde los pobres .
Otro aspecto fundamental de la post-modernidad consiste en una nueva configuración subjetiva del individuo en el que el sentimiento y la emoción fundan su autocomprensión en sus relaciones. En el centro está el ¡yo! Se alimenta del placer, de la experiencia subjetivista y emocional, uniendo, como dice el documento de trabajo, la sed de amor con un desorden amoroso. Se establece una nueva relación con el cuerpo, cuidando exageradamente de él y experimentandolo como fuente de gozo y como mediación fundamental en la relación con los demás.
Esta postura tiene consecuencias para la vida comunitaria con deseos de comunidades emocionales, llenas de afecto y afinidades. Diría incluso que prefieren encuentros comunitarios, de pocas personas, y grandes acontecimientos, a una vida comunitaria rutinaria. La rutina mina la emoción, la satisfacción interna y tal vez el placer, y estos son los combustibles de las nuevas formas comunitarias. El documento de trabajo hace alusión a una mayor búsqueda de encuentros de diversos tipos: entre sí, con laicos/as. Las opciones se orientan hacia relaciones interpersonales y horizontales, familiares, democráticas, de tolerancia, abiertas y entre amigos.
Se mezclan las conquistas de la medicina contra el dolor, tanto físico, con los anestésicos sofisticados, como psíquicos, con los psicotrópicos, con la promesa de la felicidad química. El prozac fue recibido como la “droga perfecta”. G. Sissa habla de la “felicidad de bolsillo” Añádase a esto, una pedagogía del consuelo que intenta evitar que las personas soporten cualquier sufrimiento, procurando minimizarlo o suprimirlo totalmente. Se quiere crear una sociedad sin dolor, sin sufrimiento, nadando en la felicidad de los medicamentos y de los consuelos. Incapaz de cualquier sacrificio, renuncia, sufrimiento, viviendo en un estado anímico pacificado, en buen astral y con pensamiento positivo.
Poner al individuo en el centro, como principio axiológico de valor-fuente de la sociedad actual, provoca necesariamente la relativización de los valores y las tradiciones y el acento sobre las elecciones de experiencia sin criterios absolutos, valorando la flexibilidad, lo momentáneo, lo carpe diem . El individualismo moderno y post-moderno “se caracteriza por la emergencia del valor individual en el centro del sistema social: del sistema simbólico y del sistema de organización de la sociedad” .
Una dolorosa fragmentación atraviesa la cultura y los individuos. Las actividades intelectuales, espirituales, profesionales y las del placer. Placer y ocio se experimentan por separado y en forma disociada. ¡Qué lejos del deseo de los Padres Conciliares que soñaban con una formación integrada para el clero ! El mismo psicoanálisis favorece la fragmentación de la identidad, cuando considera al individuo en sus estructuras psíquicas conscientes (ego) e inconscientes (super-ego). Las personas confunden las imágenes de sí mismas, unas veces buscando el anonimato, otras huyendo de las relaciones estables, o cuidando el aspecto físico, o bien escondiéndose en las relaciones virtuales.
Viviendo por un lado en una cultura marcada por el hedonismo, por el consumismo inmediato, por la opción preferencial en torno al placer y al ocio, por la mediática, la informática y la velocidad electrónica y, por otro, sufriendo de una enorme vulnerabilidad psíquica existe una gran dificultad para asumir la frustración, la angustia, el tiempo de espera y tomar una postura en la macropolítica. Se prefieren las pequeñas transformaciones a corto plazo de proyectos menores.
En términos de VC, está por realizarse un distanciamiento de la nueva generación de religiosos con relación al cuerpo social de la Congregación. Es la entrada en la VC del “tercer hombre” que conoce las normas, no protesta, pero las cumple solo según a él le conviene. Verdadero cisma blanco , creando un doble lenguaje, frecuentemente en conflicto o incluso en contradicción. Se tiene un lenguaje para el público externo: superiores, colegas, expectativa social … y otro lenguaje real, experiencial, interno, para la propia conciencia. No siempre este juego es totalmente consciente. Los propios formadores, según los estudios hechos, desconfían de las motivaciones expresadas por los formandos en términos de darse a los pobres como Jesús, deseos humanitarios, búsqueda de Dios y la motivación profunda consciente e inconsciente, silenciada, que gira en torno de la auto-promoción, el auto-reconocimiento, el silencio sobre los problemas afectivo-sexuales.
Carácter espiritual
La religiosidad y la espiritualidad forman un nuevo continente, la post-modernidad. Su expresión más significativa se llama New Age. Es un universo de expresiones religiosas, marcadas por un enorme sincretismo, por la libertad, la pluralidad, el subjetivismo y la autonomía de las formas religiosas, sin o con una mínima vinculación institucional o con las autoridades. Es fundamental una concepción post-tradicional de Dios, de Jesús, de la salvación, de la religión/Iglesia-institución con una nueva conciencia religiosa, tendiendo al monismo gnóstico, al misticismo esotérico, al psicologismo humanista, al holismo sagrado, al ecologismo profundo, al energismo cósmico y difuso y tantos otros “ismos”. Paso del “hard” de la fe al “soft” de la espiritualidad y la religiosidad. En una palabra: se sufre una disminución de la concepción personal de Dios que se extiende desde un volver a los dioses y una comprensión fluida de lo divino como energia, más adjetivo que sustantivo, hasta la muerte de Dios.
Siguiendo las huellas de D. Hervieu-Léger, B. Carranza analiza cómo el clima religioso post-moderno invade todos los espacios y estilos de vida por medio de una espiritualidad difusa, desinstitucionalizada, anárquica, errante, consoladora, más cercana a la constelación “new age”, por un lado, y por otro, una espiritualidad más cercana al fundamentalismo, performántica con oferta de discursos y prácticas, que alcanzan lo sagrado, garantizan la salvación, dan testimonio de milagros y bendiciones divinas. Ambas ofrecen consuelo e identidad a los fieles.
En el universo carismático católico, que participa de esta onda, se presencian experiencias interiores de reanimación (revival), de renacimiento (rebirth) y de bautismo en el Espíritu. Con frecuencia viene al dedillo la palabra mística, que traduce tanto el sentido original de una forma superior de experiencia del Transcendente, como la más bárbara decadencia en la confusión de la jerga de los medios de comunicación.
En este clima existen iniciativas auténticas, como los Ejercicios Espirituales en la vida diaria, que contribuyen a la profundización de las experiencias espirituales. Tales prácticas han sido dirigida por religiosos o seglares, a cristianos e incluso a las clases populares.
La lectura de la Escritura ha sido asumida en este movimiento espiritual bajo dos formas muy diferentes. En algunos casos, se busca – incluso de una forma mágica – por medio de una lectura aleatoria y subjetiva de la Escritura, la solución a los problemas personales. En otros casos, alimenta, a través de círculos bíblicos, la vida de las comunidades religiosas y populares.
Carácter socio-económico, socio-político

La post-modernidad se hace presente en el campo económico en el momento de la caída del socialismo y de la crisis del neo-capitalismo bajo la forma de neoliberalismo financiero, con la conciencia del límite del crecimiento y del progreso y por la globalización en las diversas fases de producción y comercialización. En el campo político se pone de manifiesto el fracaso de la democracia formal y de los Estados nacionales, se organiza el programa del Forum Social Mundial “Otro mundo es posible” como la pluralidad de proyectos colectivos articulados de una forma no jerárquica, se propaga una mentalidad ecológica y se lucha por la humanización de las burocracias.
La post-modernidad se vincula a una sociedad extremadamente pluralista en todos los campos. Aumenta así la posibilidad de elegir, la complejidad de las relaciones vividas por los diversos grupos sociales, cuya comprensión resulta difícil, paralizando acciones sociales. Se modifica el proceso de inclusión y exclusión en las grandes ciudades, crece el nivel de permisividad.
Se observa una distancia y desfase entre el lenguaje de la VC y las experiencias de los religiosos/as en esta sociedad. Junto a una realidad violenta, injusta, agresiva, se leen documentos idealistas, genéricos, casi vacíos en una belleza irreal. La conciencia social y política de los religiosos declina.
Al comparar los estudios hechos entre seminaristas en la década de los 80 con otros de la década de los 90, el analista afirma que “el número de los seminaristas comprometidos (o dispuestos a comprometerse) con las CEBs (comunidades eclesiales de base), en la CPT (Pastoral da terra), con los pobres, las periferias urbanas, la Pastoral obrera, los derechos humanos, los indios y los inmigrantes, ha caído un 50%. […]. La generación actual de seminaristas (como, parece, la de los jóvenes contemporáneos) no manifiesta intenciones claras de cambio y se preocupa más de su propia realización personal” .
Se constata, por tanto, un pérdida de fuerza en el compromiso, un enfriamiento del discurso liberador, una retirada de las comunidades insertas con un traspaso de la pastoral social hacia la litúrgico-sacramental.
Búsqueda de respuestas

Imaginemos la VC inserta dentro de este amplio contexto de post-modernidad, participando de todas estas realidades, ora de forma irreflexiva y rutinaria, ora en forma reflexionada y crítica. La post-modernidad suscita una gran sospecha al conjunto formidable de la modernidad que alcanza también a la VC y en el Sur se provoca también una sospecha: la celebración melancólica de la post-modernidad del Norte.
La respuesta pasa por la conciencia del agotamiento de la modernidad occidental. Así como se intenta pensar la economía más allá del capitalismo y del socialismo, la política más allá de la democracia representativa, la cultura más allá de la racionalidad instrumental y cientista, así análogamente nos es un desafío imaginar un nuevo paradigna para la religión, para la Iglesia y para la VC. La religión camina hacia una recuperación de la función social y el redescubrimiento de la mistagogia. La Iglesia es invitada a ultrapasar la triple centralización: - Roma, diócesis, parroquia, - y el paradigma católico romano medieval en el lenguaje de Küng, y siguiendo a Boaventura Santos, la mentalidad colonialista en busca de un real ecumenismo. La VC se enfrenta a la superación de una canonicidad tridentina y todaví presente en el post-Vaticano II: de centralización por parte de las sedes de las casas generales hacia una mayor inculturación.
En términos más concretos, está en juego la perspectiva de otra racionalidad más amplia en la que se supere la primacía del conocimiento racional instrumental o científico- empírico. Se trata también de repensar la emancipación social moderna “a partir de las experiencias de las víctimas, de los grupos sociales, que tanto han sufrido con el exclusivismo epistemológico de la ciencia moderna y con la reducción de las posibilidades emancipatorias de la modernidad occidental a un posible retroceso hacia el capitalismo moderno” .
En este proceso, nos encontramos con la paradoja de que la cultura occidental es, al mismo tiempo, indispensable e inadecuada. Además, se corre el peligro de embarcarse en un post-moderno celebrativo, festivo, que impida una post-modernidad de oposición, que brote de las víctimas y no se convierta simplemente en grandes banquetes de señorones.
Yendo más al fondo, la VC sólo conseguirá nacer de las cenizas del incendio post-moderno si recupera la experiencia fundante de Dios, la verdadera mistagogia, introduciendo a los religiosos en el Misterio Sagrado . Elemento absolutamente imprescindible de una VC que quiera ir más allá de fervores emotivos y brotes carismáticos. Es esta tarea será más importante cuanto más se debilite la concepción de Dios hasta llegar a diluirse ya sea en la trascendencia de la inmanencia o en la fluidez de una nebulosa místico-esotérica.
La CLAR en América Latina se preocupó por ofrecer durante 5 años un estudio profundo, existencial y orante de la Escritura por medio del proyecto Palabra-vida Excelente escuela de profundización de la Palabra de Dios en la VC. La lectura orante de la Escritura conduce a la verdadera fe, según el clásico dicho teológico: lex orandi est let credendi. Además de articular fe y Escritura, oración y fe, la contemplación debe estar en íntima resonancia con la acción y viceversa: in actione contemplativus. No se trata de una dosificación material, dedicando más o menos tiempo a la acción o a la contemplación, sino de vivenciarlas en íntima sintonía.
La post-modernidad sufre de la contradicción a la que por dos veces nos hemos ya referido y que se encuentra en el documento de trabajo: sed de amor y desorden amoroso. La respuesta va en la línea de trabajar la dialéctica del amor y de establecer una pedagogía. Hay una pequeña inversión lingüística que tiene efectos expresivos. En lugar de buscar la realización personal por medio del otro, encontrar en el otro la realización personal. Es la profunda dialéctica pascual cristiana de que sólo encontramos la vida y a nosotros mismos de verdad, cuando la perdemos, saliendo de nosotros y entregándonos a los demás (Mc. 8, 35). Por ella pasa la renovación de la VC. Para ello hay que construir una verdadera pedagogía que se inicia en el postulantado y termina con la unción de los enfermos. San Ignacio establece al principio de la “Contemplación para alcanzar amor” dos elementos simples y diáfanos. No está de más repetirlos aquí: “El amor debe ponerse más en las obras que en las palabras” y “ El amor consiste en la comunicación mutua.” En el campo de la pedagogía, una post-modernidad extremamente fluida necesita una mejor relación entre motivación y estructuras de apoyo. No se puede confiar mucho en las intenciones y deseos de las personas, ya que participan en la liquidez de la cultura actual y no duran mucho. Estas motivaciones carecen de realidad objetiva, situada en el tiempo y en el espacio, garantizando la constancia. Acostumbro dar esta orientación a mis alumnos: “lo que no está en el horario, no existe”. La cuestión es conseguir hacer valer a los ojos de los jóvenes que la disciplina, el horario, son escuela de vida, reflejan la condición de todo ser humano normal, nos acercan de forma realista a la vida de los otros seres humanos. Es la dosis de realismo existencial exigida para la vida humana.
La motivación, la energía interior, la fuerza utópica mueven el motor, y las mediaciones concretas, históricas, prácticas hacen de carretera por donde circular. Un sociólogo, mientras dirigía una arenga a las comunidades eclesiales de base, decía que sólo las pequeñas prácticas que se llevan adelante con éxito, modifican las conciencias. Pequeñas, porque caben dentro del horizonte de lo factible; prácticas, porque son acciones realizadas con inteligencia para modificar una realidad; y con éxito, porque permite la verificación del hecho y así se evitan desánimos y retrocesos.
El documento de trabajo ante la novedad de esta condición post-moderna deja el interrogante de si no será el caso de reconocer la dificultad de los compromisos perpétuos y definitivos y pensar una VC ad tempus.

7. Regreso a las apariencias
Descripción

En el lado opuesto del carácter subjetivo e interior de la post-modernidad fluida existe, paradójicamente, la supervaloración de las apariencias. Pablo VI siguiendo el pensamiento de filósofos existencialistas, como G. Marcel, critica la sociedad del tener en nombre del ser. Hoy se ha desplazado el acento del ser y tener hacia el aparentar. Estamos en la sociedad de marketing. La apariencia dirige la vida de las personas. No importa ni el ser ni el tener, sino aparecer, lucirse, aunque detrás quede un vacío existencial y una posesión ilusoria de los bienes. A la generación joven le importa muchísimo la belleza en su doble vertiente positiva de manifestación última de la belleza de Dios y en su forma de seducción.
Surgen nuevas formas de VC que acentúan la apariencia distintiva en busca de reconocimiento social, seguridad personal y autovaloración. Sirve para decir a los demás: ¡sepan quién soy yo! Y a sí mismos, ¡Sé quien soy yo!, y para todos ¡valórenme!
Se atribuye mucha importancia a los símbolos religiosos, sobre todo de poder, a los hábitos en el doble sentido de vestido y de prácticas exteriores repetidas . Los miembros de los grupos religiosos crean códigos propios de lenguaje y de comportamiento que los distingue del resto de la gente y los identifica. Usan expresiones o ritos que sólo ellos pueden entender. En algunos casos van más lejos. Asimilan maneras de sonreír, tonalidades al hablar, movimientos al caminar y relacionarse con los demás, que les imprimen una marca que se reconoce desde lejos de forma que se identifica visiblemente a las personas y comunidades de esa congregación.
Construyen para sí y para el grupo un imaginario social propio en el que la persona del fundador, las autoridades, los asociados, ocupan lugares diferenciados, disponen de mayor o menor autoridad moral sobre los miembros del cuerpo social. La VC se distingue externamente también por el tipo de obras y actividades que ejercen con peculiaridad propia.
Cuando se trata de organizaciones internacionales, reciben normalmente las consignas y orientaciones del centro de modo uniformado, por medio de cartas, videos o videoconferencias, empleando, en muchos casos, la moderna tecnología de comunicación. La uniformidad en la formación está garantizada y reforzada por la apariencia de las leyes, normas y reglas canónicas comunes a todos.
La comunidad crea un espacio protector tanto más necesario y deseado cuanto más fuertes son los bombardeos modernos y post-modernos de elementos extraños a este tipo de vida consagrada. Se realiza lo que los sociólogos llaman “institución total” en la que , casa, trabajo y ocio se realizan bajo el mismo techo y bajo una única autoridad . Se ejerce así más fácilmente una protección e incluso control sobre las conciencias. El interés principal de los miembros se vuelve hacia el interior de la comunidad y no hacia el mundo de fuera. Se establece un juego doble: dentro y fuera.
Fácilmente se corre el riesgo del fanatismo, del maniqueismo, dividiendo el mundo entre los puros y los impuros, los que asumen las apariencias de la VC y los que están fuera. Y en lugar de formas religiosas en espíritu de apertura y ecumenismo, se repiten, con signos exteriores post-modernos, comportamientos y prácticas arcaicas.
Búsqueda de respuestas

Se puede encarrilar esta búsqueda de apariencias hacia una experiencia espiritual profunda de Dios, cultivándola por la oración, la práctica de la fe, la esperanza y la caridad. Esto no es posible sin un mínimo de ambiente de silencio, sin un encuentro con la propia interioridad. Hay una pedagogía de la soledad que no es aislamiento, ni incapacidad de comunicarse, sino un retirarse para ser enviado, un acudir de nuevo a la fuente del espíritu ante el Misterio de Dios. Es exigencia última de la naturaleza humana, de la realización del yo profundo al frecuentar el misterio. Sólo en él se encuentra el sentido de la vida con sus sufrimientos y fracasos.
La reflexión sobre el símbolo también aporta luz en este punto. El misterio de la interioridad, desemboca en el símbolo real, al producir exteriormente alguien diferente de sí, pero que le hace verdadero para sí y para los otros El símbolo, a su vez, conduce al misterio. No es una señal vacía, sino que está cargada del misterio que manifiesta. Toda la apariencia de la VC no se constituyó de la nada, de la superficialidad, de la ausencia, sino que brotó de la experiencia fundante, mística.
La VC no se puede imaginar fuera de la experiencia del misterio. K. Rahner da una contribución inestimable para la comprensión, la revalorización y vivencia del misterio. Va al meollo de la cuestión cuando apunta hacia el verdadero y único misterio de nuestra fe. “Misterios, en realidad, propiamente absolutos sólo se dan en la comunicación de Dios en la profundidad de la existencia – llamada gracia – y en la historia – llamada Jesucristo -, puntos en los que ya está implicada la Trinidad económico-salvífica e inmanente. Y este misterio único puede llegar hasta la proximidad del hombre, si éste entiende que está referido al misterio que llamamos Dios .
La belleza, profundidad y actualidad de su reflexión consiste en relacionar el misterio de Dios con el misterio del ser humano. El ser humano se encuentra abierto siempre de antemano hacia la totalidad incomprensible de la realidad y dentro de ella hacia su fundamento, que es Dios, el Misterio absoluto. Existe una relación histórica de la constitución humana con el Salvador absoluto y el significado de Dios que, en cuanto Misterio absoluto y santo, suscita la realidad, haciéndola tender hacia El. El hombre es la capacidad de aceptar o rechazar a Dios: éste es su misterio. Por eso, el ser humano está estructuralmente relacionado con el misterio; es misterio porque en su naturaleza es referencia al Misterio. La transcendencia del ser humano aparece como “transcendencia abierta al misterio absoluto de Dios que es proximidad absoluta de perdón”. Dios significa el Misterio silencioso, absoluto, incondicional, incomprensible. Evoca, en su infinita distancia, el horizonte hacia el que se dirigen, en su conjunto, y desde siempre, de un modo incomprensible y no manipulable, la comprensión de las realidades particulares, sus relaciones mutuas y nuestro trato activo con ellas. Este horizonte continua permaneciendo callado, y continua en igual distancia cuando termina y se acaba toda comprensión y toda actuación que estén vinculadas con él”. El ser humano es una naturaleza indefinible, vacía cuyo límite es la referencia ilimitada al Misterio infinito de la plenitud .
Estas breves referencias a K. Rahner apuntan al misterio de Dios infinito y absoluto que se relaciona con nosotros, que también somos misterio, arrancándonos del narcisismo y de la superficialidad exterior de la post-modernidad.
La liturgia, en su pedagogía del misterio como verdadera mistagoga, ofrece una excelente contribución para que la VC no se pierda en la apariencia. Lo hace de un modo excelente, al conjugar el símbolo visible con la realidad de la gracia que en ella se está realizando. Tanto más importante es esta educación cuanto más se vive la invasión de las apariencias estridentes del mundo mediático. Es necesario cultivar la experiencia de Dios en profundidad, en silencio y vivir una liturgia que celebre la interioridad del misterio en la apariencia de los símbolos.

8. Desgaste de la VC clásica y enfrentamiento con las nuevas formas
Descripción

Telegráficamente indicaría con una serie de palabras-clave el fenómeno del desgaste de la VC clásica: el nivel canónico de los carismas; el aburguesamiento invasivo de la vida comunitaria con una distancia creciente entre el tenor de vida de los religiosos y la del común de las personas sencillas y pobres; la pérdida de la savia contemplativa en pro de las prácticas espirituales rutinarias o de fervores carismáticos exteriores de espiritualismo desencarnado o incluso de un activismo desenfrenado meramente secular; el debilitamiento de la concepción de Dios; un dualismo de vida de oración yuxtapuesta a la actividad apostólica; el peso gigantesco de las obras a costa de la creatividad misionera; el envejecimiento de los miembros sin la necesaria entrada de nuevas generaciones; la adaptación condescendiente a las formas de vida de la modernidad consumista y hedonista incluso en los países pobres; y el individualismo creciente en una connotación narcisista y virtual.
Ante este lado sombrío de la VC clásica las nuevas formas representan un vigor de oposición, ora de vida y práctica, ora verbal y acusatorio.
Búsqueda de respuestas

Una primera respuesta viene del Espíritu que suscita en el interior del vetusto tronco que es la VC tradicional una floración maravillosa de brotes, unos vigorosos y nuevos, otros infectados de insectos contaminantes. Para entender este fenómeno, recurriremos a las mismas metáforas de Babel y de Pentecostés que nos ayudaron a entender la globalización. Reinaba en la VC clásica una sola palabra, una sola lengua canónica que se imponía con su monótona uniformidad y he aquí que Dios viene a crear la confusión entre los constructores de la torre. Y estamos ante la proliferación de nuevas formas religiosas. Esto no significa que todos los efectos de la confusión, provocada por Dios, sean queridos y deseados por El. Pero el hecho remonta a su iniciativa, si entendemos bien el texto de la torre de Babel.
Pentecostés complementa o incluso corrige la experiencia de Babel, al oír la pluralidad de los pueblos en su propia lengua, una misma predicación (Hech 2, 7-13). Así cada nueva forma, en su originalidad, lleva la marca de una cierta unidad. ¿Dónde encontrarla? En la intuición joánica de que el Espíritu conduce a todos a Jesucristo, la comprensión del mismo evangelio. La unidad se construye por dentro y no por fuera, como ocurre en nivelaciones canónicas y legislativas.
Estas nuevas formas revelan la libertad del Espíritu. El cardenal Ratzinger considera “un acontecimiento maravilloso la fuerza y el entusiasmo con la que los nuevos movimientos eclesiales viven la fe y sienten la necesidad de compartir con los demás la alegría de esta fe, recibida como don”. Se caracterizan por nacer de una persona carismática-guía, se configuran en comunidades concretas, procurando revivir el Evangelio en su totalidad y exigencia y reconociendo en la Iglesia su razón de vida sin la cual no existirían. Se insertan en la misión apostólica de la Iglesia con espíritu de servicio social a partir del encuentro personal con el Señor, alimentado por la fe enraizada en la Iglesia. Conjugan las dimensiones cristológica, pneumatológica, eclesiológica y existencial del seguimiento personal de Cristo y la experiencia del espíritu en la Iglesia . El hecho está ahí para mostrarnos ese pulular de nuevas expresiones de VC que brotan de tales movimientos. Participan de la ambigüedad de la historia y carecen de discernimiento. Esto se dirige especialmente a las pedagogías que utilizan muchos de estos movimientos.
La pedagogía de ruptura conjuga una dimensión de ancianidad y otra de actualidad. Los evangelios y San Pablo insisten en la ruptura que significa seguir a Jesucristo, abrazar la fe cristiana. Existe un antes de pecado, de ceguera, de hombre viejo para asumir la novedad de la gracia, de la luz, del hombre nuevo. Elemento de la más antigua y genuina tradición cristiana.
Sin embargo hay algo de nuevo en la pedagogía de ciertas nuevas formas religiosas. Se enfrentan con una generación de jóvenes que tienen muy poco sentimiento de culpa. Sin entrar en la discusión interpretativa de este hecho, los confesores constatan cada día más el silencio de los jóvenes con respecto a acciones que antes eran materia principal y repetitiva de las confesiones. Sin duda, la psicología ha ejercido un gran papel en desculpabilizarlos con la consecuente desculpabilización de los actos.
Ante este hecho, algunos movimientos eclesiales de renovación, de donde surgen muchas de las nuevas formas religiosas, han invertido la pedagogía. Han vuelto a pulsar la tecla del pecado, especialmente en el campo de la sexualidad, produciendo un nuevo tipo de culpabilidad y despertando sentimientos de angustia. Para librarse de esta situación se propone el camino de la conversión, sobre todo por el ingreso y participación en los movimientos. Vuelta al juego del antes y después. Antes se estaba inmerso en el pecado y la mediocridad espiritual, ahora se es fervoroso y en acción. Añádase a ese movimiento de conversión un toque festivo y celebrativo al gesto de ingreso en el movimiento o en la nueva forma de VC. ¡Este es uno de los dos polos de atracción!
Facilita mucho este proceso el contacto con las personalidades, sin duda, interesantes y extraordinarias de varios de estos fundadores que aumentan así la fuerza impregnante de la llamada a la conversión. Además, se envuelve este gesto con señales exteriores que lo hacen todavía más significativo. En una de estas formas religiosas nacidas en Brasil, los miembros muestran con toda sencillez y pureza el modo nuevo de vivir. Personas del barrio entran en sus casas, conocen su estilo de vida, participan internamente de sus vidas. Acogen en sus casas a los pobres, los mendigos que llegan para dormir en sus habitaciones, mientras ellos duermen en el suelo. Y esto se hace ante los ojos admirados de los visitantes. Viven un nuevo tipo de opción por los pobres que se aproxima más al estilo medieval y repiten casi literalmente la epopeya religiosa de Francisco de Asís.
A esta experiencia de ruptura se une una pedagogía de hogar que ofrece a los miembros un sentimiento fuerte de pertenencia y de identidad. En una sociedad tan fragmentada y caracterizada por un doloroso anonimato, se sienten gente entre gente. La VC colma así un vacío existencial con la sensación de algo precioso, festivo. Hace recordar las metáforas que Jesús usaba para describir la realidad del Reino de Dios: fermento, semilla, perla, banquete, boda.
La VC clásica está llamada a dialogar con estas nuevas formas, evitando el dilema de la alternativa: una u otra. Se camina hacia una Iglesia cada vez más pluralista, y la VC tendrá su papel en el pluralismo. Ambas formas pueden y deben fecundarse mutuamente. Las nuevas formas tienen mucho que aprender de la historia de la VC y la forma clásica se siente desafiada a mirarse en ella y descubrir sus arrugas y defectos. En lo concreto del día a día se hace necesaria una colaboración en los tres niveles de experiencia de Dios, de vida comunitaria y de misión apostólica.
Otra salida para la VC está en crear el modelo sacramental. Esta expresión necesita una explicación. Por detrás está la experiencia que la Iglesia hizo en el Concilio Vaticano II. Se situaba ante un doloroso dilema. Por un lado, una tradición eclesiológica tridentina y del Vaticano I que acentuaba fuertemente los elementos exteriores de pertenencia a la Iglesia. Por otro lado, estaba la tradición de la Reforma que insistía en el polo opuesto. Con el deseo de ser ecuménico, y por lo tanto de aproximarse lo más posible a los reformadores y, al mismo tiempo, mantenerse fiel a elementos fundamentales innegociables de la tradición católica, el Concilio encontró en la categoría “sacramentum” un puente entre las dos tradiciones, superando el punto muerto.
Esto mantiene las apariencias de la tradición católica. No hay sacramento sin un signo visible. Pero indica el lado invisible de la interioridad de la gracia comunicada y recibida, más acentuada en la vertiente evangélica.
La cuestión fundamental de este modelo es preguntarse qué sentido, qué significado tienen, qué realidad interior hay en las reglas, las normas, las señales, los símbolos, las prácticas de la VC. Si no favorecen ninguna experiencia personal, interior y espiritual, no tienen razón de ser. A su vez, si la interioridad no se exterioriza en señales y prácticas, parece como si la VC se convirtiera en pura subjetividad arbitraria. Esta estructura sacramental se convierte en criterio de discernimiento. La VC se distancia de la pura interioridad, afirmando la encarnación de la gracia, rechazando el fariseismo, el legalismo, la superficialidad de ritos religiosos sin su correspondiente experiencia interna.
El modelo sacramental intenta, por lo tanto, articular las convicciones internas, la conversión del corazón, la coherencia de la conciencia con las exigencias sociales y externas de una vida consagrada en el interior de un cuerpo social. ¿Qué hacer para que la VC vivencie este modelo?
La insistencia en las apariencias de algunas nuevas formas de VC no responde a la conciencia de la modernidad y de la post-modernidad que valoran la interioridad y la autonomía de las personas. A su vez, la capitulación ante la post-modernidad fluida corre el riesgo de degenerar en un subjetivismo y arbitrariedad mortales para la VC. Empeñarse en reforzar las señales externas de la VC, tan queridas por una generación insegura y formada en la cultura mediática de la apariencia, puede tener un éxito inmediato, fascinante y estadístico. Pero no responde a lo más profundo de la VC y puede llevarla a vaciarla de su sentido.
Si el camino de la visibilidad se muestra a primera vista con mayor éxito, elegir el camino opuesto, es decir, el de la interioridad pone de manifiesto una clara discordancia. Y además no tiene futuro. El camino de la intimidad es incontrolable y se pierde en una destrucción irremediable.
En consecuencia, la construcción del modelo sacramental parece ser el mejor camino. Para ello se presenta una doble tarea. Ante la fluidez de la post-modernidad, hay que ofrecer parámetros suficientemente firmes y bien fundados. Ante la apariencia que se refuerza por via de la autoridad, hay que ir a las fuentes de la VC. Profundicemos esta propuesta.
Podemos percibir claros síntomas de agotamiento de la VC clásica (tal como ya hemos apuntado). En esta situación la VC está llamada a un movimiento de retorno a las fuentes. Esto significa recorrer sus fases de desarrollo, descubrir los momentos en que se desvía, analizarlos y criticarlos a la luz de los datos presentes, percibiendo los que hoy nos parece que se han desviado y retomando la inspiración evangélica primitiva.
Esta tarea es gigantesca. Cada Congregación podría hacerlo respecto a su evolución, desde el momento de la fundación hasta hoy, captando los puntos de separación y el eventual desvío, para volver a la inspiración primera.
Seria largo e iría mucho más lejos de la intención de esta conferencia, ir detectando los estrangulamientos de la VC clásica en los últimos tiempos y esta sensación de agotamiento, al mismo tiempo que surgen nuevas percepciones. Al final del Concilio Vaticano II, Pablo VI indicó a la VC el camino de vuelta al carisma inicial. En la especificidad de cada Congregación, hay un punto común y fundamental: el seguimiento de Jesús. Ahí encuentra toda su inspiración. Sobre este tema hay muy buenos estudios detallados y profundos. Nos referimos de modo especial, a los textos de Jon Sobrino, que fueron a su vez reestructurados de modo original y personal por la Hna. Vera .
No se trata tanto de detenerse en la dogmática cristológica (aunque sea siempre importante) sino en la figura de Jesús de Palestina, que la exégesis moderna va recuperando cada vez más desde el interior del kerigma primitivo. Está en juego la mística cristiana de adhesión apasionada a la persona de Jesús y a su estilo de vida, como opción de vida y como experiencia fundante de la VC.
En la vida de Jesús encontramos en el centro el Reino de Dios y el Dios del Reino. Y es ahí donde encontramos el papel único y singular del pobre, del excluído, del pecador, como primeros destinatarios del Reino y amados preferencialmente por Dios. En el seguimiento de Jesús, el religioso reencuentra la figura del pobre en toda su limpidez y exigencia. Jesucristo es la puerta de acceso a esta experiencia de la que Dios y el mundo de los hermanos no se pueden separar. El modo evangélico de vivir en la VC abarca necesariamente esta apertura a los pobres, haciendo así significativa para el religioso y para los de fuera esta forma de vida. Sin embargo, no siempre la expresión histórica del pobre se configura de la misma manera en los diversos momentos culturales.
Se han ido sucediendo diversas formas de pobre a lo largo de la historia, pero en todas permanece la realidad de la carencia básica en relación al bien de la vida. Hoy el sistema neoliberal nos acerca todavía más a la muerte. Contra este telón de fondo, de un pobre condenado prematura e injustamente a no vivir y a no ser aceptado por la sociedad, se impone al religiosos un seguimiento de Jesús bien cercano a los pobres.
Parece evidente que cualquier refundación, renovación o revitalización de la VC pasa por la relación con los pobres. La opción por los pobres es y será la mayor señal de credibilidad de la VC. No fue una cuestión teórica sobre la pobreza, lo que preocupó prácticamente a todo fundador de congregación religiosa. Sino que se trata de la relación con la persona del pobre físico en sus formas antiguas y actuales. Circulan por el mundo millones y millones de exiliados, de fugitivos de sus países por razones múltiples: económicas – pobreza, desempleo -, conflictos étnicos y religiosos, guerras intestinas y promovidas por grandes potencias. Todo esto acontece en pleno día y ante la vista de todos. Estas masas buscan los países ricos que, a su vez cierran y controlan cada vez más las fronteras. Una VC ciega ante este fenómeno de escala mundial pasa como el sacerdote y el levita al margen del herido. No entendieron la parábola del buen samaritano, que se convirtió en el icono de este Congreso Mundial de la VC.
Un conjunto de factores, desde la escasez de miembros con el rápido envejecimiento de las personas pasando por el peso de las obras hasta una nueva teología del laicado, está llevando a la VC a una nueva y prometedora relación con los laicos.
En un momento más superficial e inmediatista, se busca una colaboración más íntima con ellos a fin de llevar adelante obras de educación y asistencialistas, que sin ellos habría que abandonar por la absoluta escasez de religiosos. Así cada vez se vinculan más laicos, incluso en puestos directivos de las obras, mientras la congregación religiosa se reserva la supervisión. En una línea más profunda, algunas congregaciones están compartiendo la vida con laicos/as a nivel del carisma, de la espiritualidad y de la vida comunitaria con vínculos jurídicos de pertenencia. Este fenómeno está ocurriendo en la forma clásica de VC y llega a ser tónica común en las nuevas formas de VC. En éstas las modalidades originales van más allá de la legislación canónica actual, provocando reacciones paradójicas de apoyo o de sospecha por parte de instituciones eclesiásticas. Dentro de un mismo movimiento, unas veces bajo el mismo techo, otras separados, están sacerdotes, laicos/as de vida consagrada por compromisos definitivos, y laicos/as que esperan casarse o que ya lo están .
Un movimiento general en la sociedad ha abierto perspectivas para la VC en el campo de las obras y de la acción. Por razones económicas, muchas instituciones han buscado la asociación con empresas independientes o pasar la propiedad a terceros. Aunque haya mucha ambigüedad e incertidumbre en este tipo de relaciones económicas puede, sin embargo, producir en el campo pastoral excelentes frutos apostólicos.
Recientemente el editorial de una Revista teológica de Brasil se preguntaba si no sería el momento de evitar la multiplicación de revistas teológicas editadas por las diferentes facultades e institutos, asociándose varias para formar una única revista. Ampliando este horizonte, la VC tiene ahí la posibilidad, hasta ahora inexplorada, de crear asociaciones y colaboraciones con otras instituciones similares religiosas, eclesiásticas o seglares.
Yendo más lejos en esta preocupación de salir del pequeño mundo de las obras de la propia congregación, tenemos el desafío de los “nuevos movimientos sociales”, tanto a nivel regional como mundial. ¿Cuál es, o será, la participación de la VC en el movimiento ecológico, pacifista anti-armamentista, de etnia, de género, de defensa de los derechos humanos, de la lucha por la demarcación de las tierras indígenas, de los sin techo, de los sin tierra, de los sin patria… en fin, una gama innumerable de movimientos?
La VC está de lleno plantada en una post-modernidad creciente. Uno de los rasgos de este momento cultural es el escepticismo, el aburrimiento, la falta de sentido, la nausea existencial en el horizonte del futuro. Nada parece movilizar a la gente. Todas la energías se concentran en el “carpe diem” – disfrute del momento presente. Así se encierran en un triste narcisismo y materialismo.
Sosteniendo este materialismo narcisista están las estacas de la felicidad química y del cuidado exagerado del cuerpo. Ante el más mínimo dolor físico o el más pequeño problema psíquico, se acude a los antidepresivos de fácil acceso. Se vive la euforia permanente de los prozacs. No se soporta el misterio de sí mismo, la soledad del afecto, el fracaso o cualquier sufrimiento. En una misma línea, el cuerpo recibe los cuidados que antes recibía el espíritu. Donde antes abundaban las librerías y las bibliotecas y apenas se conocían las academias, hoy se cierran las primeras y se multiplican las segundas.
Este clima alcanza de lleno a los jóvenes. Son extremadamente sensibles al doble culto de la felicidad inducida y del cuerpo bien formado. Junto a ellos la VC pretende encontrar seguidores, si no quiere acabar desapareciendo. ¿Qué hacer? Se espera de ella un doble anuncio, no sólo en palabras sino sobre todo en estilo de vida.
El primer mensaje es de esperanza. Spes contra spem. Esperar contra toda esperanza. La jovialidad alegre de los religiosos, el entusiasmo por su estilo de vida, la entrega feliz a la misión, irradian esperanza junto a los jóvenes que envejecieron precozmente, vaciaron su vida de sentido y, por eso, se pierden en la ociosidad de tareas sin importancia.
Las relaciones, que muchos jóvenes establecieron entre sí se marchitaron y se perdió el frescor del amor para terminar en un mero disfrutar el cuerpo del otro. Aprendieron mucho sobre sexo y olvidaron el amor. Es aquí donde la VC tiene mucho que anunciar. La novedad del amor puro, que atraviesa la vida de muchos grupos de chavales y chavalas consagrados bajo el mismo carisma, trabajando y viviendo juntos, muestra el milagro de la pureza cuando parecía condenada al olvido.
Pero no seamos ni ingenuos ni románticos. Hay retornos peligrosos en ambos extremos. Vuelven las cantinelas moralizantes y represivas de otros tiempos y se colorean de pureza verbal algunas relaciones ambiguas. El equilibrio maduro en las relaciones continuará siendo un desafío permanente en los encuentros – sobre todo de generaciones jóvenes de afectividad abierta y a flor de piel - donde se puede introducir el discurso oscuro del miedo, o un lirismo verbal equívoco.
La esperanza y el amor en formas renovadas son signos de una aurora que despunta, escribe J. Delumeau. En las horas de mayor crisis, nos volvemos hacia los elementos fundamentales y primeros. Cuando todo parece tambalearse, concentramos los esfuerzos en los puntos fijos de la existencia. Esperanza y amor son las dos realidades más importantes para la existencia humana. Recordemos una vez más la figura gigante de K. Rahner. Después del Concilio Vaticano II, en la primera conferencia pública que hizo en Munich, dijo: “todo lo que se hace en la Iglesia, todo lo que es institucional, jurídico, sacramental, toda palabra, toda acción, así como toda reforma de cualquier elemento eclesial, en última instancia – si se entiende con rectitud y no con resabios de egolatría – todo es un servicio, puro servicio, mera oferta de ayuda a favor de algo enteramente diverso, algo muy sencillo y por eso mismo, inefablemente difícil y sagrado. Este algo es la Fe, la Esperanza y el Amor, que tienen que instalarse en el corazón de los hombres. Para dar un ejemplo sacado de la ciencia profana, podemos decir que ocurre algo muy parecido al proceso de extracción del radium. Se sabe que es necesario excavar una tonelada de mineral de uranio para obtener 0,14 gramos de radium. Y, a pesar de todo, vale la pena hacer este esfuerzo”. “Esto es lo que un Concilio aporta al corazón del hombre, el corazón que, creyendo, esperando y amando, se rinde y se entrega al misterio de Dios. Si no fuera así el Concilio no pasaría de ser una horrible representación teatral y de una autolatría del hombre y de la Iglesia” . Igual que para el Concilio, vale hoy para la VC lo que Pablo dijo en el himno a la caridad: “Aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia y tuviera tanta fe que transportara las montañas, si no tuviera caridad, nada soy” (ICor 13, 2).
La dimensión festiva de la VC es su señal de credibilidad. “Sólo el amor es digno de fe”, escribía H. von Balthasar . El rejuvenecimiento de la VC dependerá de las señales del amor que sea capaz de manifestar en su interior y al exterior. En un mundo tan comercializado, fundado en los intereses, el lucro, en conseguir y ganar, la gratuidad irrumpe como una mañana luminosa de otra sociedad. En los inicios de todo grupo religioso genuino la gratuidad está presente. Allí donde se introduce el interés económico, se pierde la transparencia de las aguas originales. El sistema y la mentalidad económicos de hoy dificultan mucho a los religiosos una vida y un testimonio de gratuidad. Es raro y difícil. Hay inventar nuevas formas.
Estrechamente unido a la gratuidad está el espíritu de servicio y de pobreza. Ambos – servicio y pobreza – ofrecen el ángulo bajo el cual retomar de modo nuevo la relación profesión y vocación. El espíritu de servicio es la cualidad que cualquier trabajo profesional y actividad de un religioso debe manifestar. Es la vocación la que da un toque de gracia y de belleza espiritual a la profesión.
El espíritu de pobreza y de sencillez es la respuesta de la VC al consumismo. Cuentan que pasando por un Centro Comercial el P. Arrupe, comentaba: “¡Cuántas cosas que no necesito!”
Más aún : la VC mantiene una ineludible dimensión escatológica. Ofrece al religioso, la espantosa libertad y el compromiso sin límites. Porque dentro de él existe el definitivo futuro de la historia. El definitivo, el eterno, no son dimensiones que se añaden a lo real, sino que lo atraviesan o van más allá del tiempo. Lo definitivo comienza en el presente. Sólo será lo que fue.
Un último punto. Parafraseando a K. Rahner que dijo: “creo porque rezo” , somos religiosos, porque rezamos. La experiencia de la oración alimenta la VC. Sin ella se seca la fuente. Cualquier regreso a los orígenes de la VC implica un visitar nuevo y fresco las aguas puras de la oración.
A guisa de conclusión: El problema vocacional

El recorrido ha sido largo. ¿Y el futuro de la VC? Depende evidentemente – según la ley obvia de la biología – de que lleguen nuevas generaciones. Por tanto, el problema vocacional es crucial.
Los nuevos movimientos han creado una estrategia interesante a modo de “círculos concéntricos”. No es nueva pero ellos la utilizan con mucho éxito. Consiste en dividir a los jóvenes en círculos de diferente nivel de participación, formación y exigencias y trabajar con ellos según sus niveles. Hay un círculo más estrecho que asume la vida religiosa en tiempo integral como una forma de consagración de la vida, estableciendo con la Institución religiosa vínculo estrechos y jurídicos. Evidentemente dentro de este grupo siempre habrá los más adelantados y los que más reciben. El círculo menor supone siempre círculos menores de mayor exigencia y formación. Después viene un círculo mayor de los que frecuentan el movimiento, simpatizan con él pero sin vincularse institucionalmente. Aquí encontramos posibles niveles de mayor o menor proximidad. Y existen los que mantienen relación por carta, que reciben el boletín, y los que tienen una cierta relación, más lejana pero real. En la práctica muchos van cambiando de círculo, entrando a formar parte de círculos cada vez más pequeños y más comprometidos.
Este esquema pedagógico permite muchas posibilidades articuladas según lo exijan las circunstancias. Lo importante es la intuición de trabajar de forma diferenciada y progresivamente con una nueva generación. No todos comienzan con el entusiasmo y la generosidad de los que forman el núcleo más estable y comprometido. No se debería perder ninguna vinculación posible, por leve que sea. De esta forma, en torno al pequeño núcleo de miembros más comprometidos podrían ir girando otros círculos de personas cada vez más interesadas. Con los recursos de la informática es factible establecer círculos virtuales con personas que se ponen en contacto con el movimientos a través de internet.
El riesgo, en mares de pocos peces, es quedarse satisfecho con pescas de cualquier tipo, bajando el nivel de exigencia en el campo espiritual e intelectual de los candidatos. El texto de Juan es la expresiva parábola de la vocación: “Cuando lo oyeron los discípulos siguieron a Jesús. Se volvió Jesús y, al ver que lo seguían, les preguntó: ‘¿Qué buscan?’ Le contestaron: ‘Rabbí (o sea Maestro) ¿dónde vives?’ Jesús les dijo: ‘Vengan y verán’ Fueron y vieron dónde vivía. Eran como las cuatro de la tarde y se quedaron con él aquel día” (Jn 1, 37-39).
La cuestión es saber si tenemos la valentía de hacer la pregunta de Jesús y de dar la misma respuesta que él. ¿Qué tenemos que mostrar? ¿Celo de actividad misionera, fe de una vida contemplativa, sentido eclesial, discernimiento orante, vida comunitaria fraterna y sencilla?
Los estudios estadísticos ayudan a tener una idea de la gente que nos frecuenta. En términos de Brasil, las vocaciones hacen un recorrido que permite levantar cuestionamientos sobre su autenticidad. Vienen de las clases sociales más pobres para una vida de medianía y de abundancia, del mundo rural para el urbano, del trabajo al estudio, de la escuela pública a un mejor estudio, de la falta de status y lugar social a un lugar social, de transferencia afectiva de estructura padre/madre a la institución/formador . Además se acrecienta la dificultad que los formadores han tenido para descubrir con competencia y a tiempo los conflictos de los formandos. La post-modernidad está forjando una generación diferente que permite también vislumbrar aspectos esperanzadores y configurar una nueva forma de VC. Tiene la capacidad de vivir el placer siendo sensible a lo lúdico, a la fiesta; valora el cuerpo y la propia subjetividad sin dejarse dominar fácilmente; desarrolla un sentido de autoestima unida a un cuidado de sí y a una intimidad propia como defensa en una sociedad peligrosa, violenta y fragmentada; percibe los propios límites, pero con fuerte auto-afirmación en respuesta a la inseguridad en cuanto a la propia realización; muestra rebeldía ante las instituciones retrógradas e impaciencia con autoridades despóticas; manifiesta un sentimiento de pertenencia en las motivaciones y experiencias horizontales, democráticas: cultiva lazos de amistad entre grupos con deseos de vida comunitaria fraterna con oración compartida, vida personal y misión también abierta a amistades con personas de fuera de la comunidad; prolonga los plazos de decisiones importantes para no arriesgar una vocación dudosa; tiene mayor tolerancia, menos prejuicios y discriminaciones en relación a la raza y a comportamientos desviados; posee una sensibilidad para múltiples formas de vida; da importancia a lo cotidiano, a lo pequeño, a lo individual, a la participación en la transformación de las micro-instituciones apostando por la flexibilidad institucional de la VC; pide transparencia de la institución y del poder en sus decisiones, especialmente en el campo económico y de las relaciones sociales, laborales; apuesta por una gestión comunitaria; revela una creciente mentalidad ecológica, pacifista y liberadora en el campo del género. .
Una joven formanda resume bien la convicción post-moderna de la vocación: “Un Dios tan generoso que da una, dos, tres vocaciones a través de las cuales podemos realizarnos. Para un Dios tan próximo y una cultura tan relativista como la nuestra, la perpetuidad de la vocación no importa tanto cuanto su felicidad. la vocación pasa de eterna – desde el vientre materno te elegí – a relativa, temporal – fui llamado para la libertad. ¿Será que la vocación ya no vale como antes? ¿Será que Dios cambia de opinión? El no, pero nosotros… “ .



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