Oct 19, 2021 Last Updated 7:03 AM, Oct 19, 2021

Historia de la presencia IMC en América

Categoria: Missione Oggi
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Premisa: Este trabajo es una aproximación y una lectura de la historia que debe ser completado con el aporte de todos, no es un documento terminado sino elaborado con la finalidad de suscitar un debate que nos ayude a todos a comprender el caminar histórico de nuestro Instituto en este Continente y de ahí poder sacar conclusiones para proyectar nuestro futuro.

{mosimage}1. De un Instituto Piamontés a un Instituto Internacional y Multicultural. El Instituto Misiones Consolata nace con características regionales.

a. En el proyecto de fundación del 1891:

  • En el plan: “Fin del Instituto de los Misioneros de la Consolata es el de formar sacerdotes y laicos, especialmente piamonteses” (Documento 21).
  • En el borrador, hablando de la naturaleza de la Pía Sociedad de los Misioneros de la Consolata, se dice: “acoge jóvenes sacerdotes, clérigos y laicos, especialmente del Piamonte, deseosos de dedicarse a la conversión de los infieles” (Artículo 1).
  • En la minuta (documento corregido), dice en cambio “La Pía Sociedad acoge jóvenes sacerdotes, clérigos y laicos del Piamonte deseosos de dedicarse a las Misiones” (Artículo 1). 

b. En el reglamento de 1901 se dice al respecto: “El Instituto acoge jóvenes sacerdotes, clérigos y seglares del Piamonte deseosos de dedicarse a las Misiones” (Reglamento de 1901, punto I artículo 2). 

c. En las Constituciones de 1909 este principio desaparece de la legislación: “Son admitidos a hacer parte del Instituto todos aquellos que, deseando consagrarse a la evangelización de los infieles, tienen las cualidades morales y físicas necesarias para vivir según el fin y el espíritu del Instituto” (Constituciones de 1909, Art. 6). 

d. En las Constituciones de 1923, este principio de 1909 es ratificado: “La aceptación de los postulantes en el Instituto es de competencia del Superior General, o de su delegado, el cual recibirá todas los informes sobre los solicitantes, para asegurarse de su vocación misionera, honestidad de costumbres, capacidades intelectuales, energía moral y salud necesaria según el fin y el espíritu del Instituto; y la ausencia de todo legítimo impedimento” (Constituciones de 1923, Artículo 7). 

e. En los documentos Capitulares de 1969, se hace una lectura de este desarrollo histórico: “El Instituto nace para acoger y educar vocaciones de las provincias eclesiásticas piamontesas, ofreciendo de esta manera a la diócesis una colaboración para facilitar su servicio misionero; extendiéndose enseguida esta colaboración a otras regiones de Italia y más tarde a otras naciones, como el mismo Fundador lo había previsto. El fin de este desarrollo fue el de multiplicar el personal y los medios para la actividad misionera” (Doc. 1969, V Origen y Desarrollo Art. 11).

Los motivos de esta regionalidad los podemos encontrar en:

  • El Instituto es fundado para responder a una necesidad concreta que Allamano descubre en la realidad como signo de los tiempos: “Las principales ciudades de Italia poseen un Instituto de Misiones Extranjeras, por ejemplo Roma, Milán, Nápoles, Génova, etc. Solamente Turín, donde florecen tantas obras de caridad, quedará privada de uno de ellos? Tienen misiones los salesianos, pero para ellos es un fin accidental, siendo, los colegios y la educación de la juventud su verdadera finalidad” (Carta del 6 Abril de 1900 donde el Allamano decide la fundación del Instituto). “Con la experiencia adquirida en tantos años empeñados en la educación del clero, debo confesar que muchas veces me sucede encontrar verdaderas vocaciones a las Misiones. Algunos clérigos y Sacerdotes entran en Institutos fuera del Piamonte, y los hay entre los lazaristas, entre los de San Calocero de Milán, de Verona, de Génova, de Piacenza en fin entre los de Argelia. Pero si alguno de mala gana se decidiera a enrolarse entre gente de diversa índole entre las cuáles serían siempre como segundones… Muchos por tal motivo abandonaron la vocación, y viven con este deseo” (Carta del 6 de Abril). El Instituto nace como exigencia de una Iglesia Local, la de Piamonte y Vercelli, de dar su contribución a las Misiones extranjeras; o como diríamos hoy a la Misión Ad Gentes.
  • El favorecer la armonía entre los misioneros y hacer más llevaderos los sacrificios de la misión al compartir las mismas costumbres y la misma patria.
  • El nuevo Instituto resulta legado en su inspiración y en su sostenimiento al Santuario de la Consolata.

Superación de la regionalidad. 

1 - La experiencia de la Consolatina cuando quedó vacía después que partió el primer grupo para el Kenya. Las causas de esta situación fueron:

  • Influían las críticas por el país elegido (según los exploradores alemanes era habitado por poblaciones salvajes) creando pesimismo y la sensación que la obra va a fracasar.
  • No había entendimiento entre ellos.
  • Problemáticas personales de quienes estaban en la Consolatina formándose.
  • No tenían las actitudes necesarias para la vida misionera.
  • Se sentían mal por no ser elegidos para la primera expedición.

Las consecuencias que sacó Allamano de este hecho fueron:

  • No basta solamente la regionalidad para llevar una fecunda vida de comunidad.
  • Necesidad de una mayor selección de los candidatos.
  • Valor de la vida religiosa, como fundante de la unión entre los miembros que asegurar unidad de intentos y un mismo espíritu en la misión.
  • Necesidad de una mayor preparación – formación de los candidatos.

2 - Las excepciones al principio de regionalidad se dan ya en los primeros años después de la fundación. En 1904 el Padre Allamano aceptará en el Instituto a un sacerdote de Brescia, Angelo Bellani, y en 1905 a un clérigo de Belluno, Angelo Cantón. \

3 - La voz de la Iglesia expresada en el Cardenal Gotti, Prefecto de Propaganda FIDE, que solicita que se quite la restricción de la regionalidad. 

4 - La experiencia de la primera guerra mundial, en la cuál los Misioneros de la Consolata tuvieron que hacerse cargo de las misiones de los benedictinos alemanes en Tanganyka, los cuáles fueron expulsados porque su país al perder la guerra perdió la colonia. Eso les mostró la inconveniencia de que los miembros del Instituto pertenecieran a una sola nacionalidad. 

5 - Esto fue nuevamente constatado, ahora en carne propia durante la segunda guerra mundial, cuando fueron expulsados de Etiopía precisamente a causa de su nacionalidad italiana. En Abril de 1942 los misioneros fueron concentrados en Berbera y deportados: unos cincuenta al campo de Fort Victoria (Rhodesia, hoy Zimbabwe), otros al campo de Nyeri en Kenya. Unos pocos padres que fueron dejados con el Vicario Apostólico Mons. Luigi Santa para cerrar las casas, estarán hasta Junio en Addis Ababa, de junio a noviembre serán internados en el Campo de Harrar en Etiopía, desde donde serán trasladados a Berbera y de ahí deportados a Italia. Una situación similar se vivió en Kenya, también por la misma causa y sin posibilidad de poder contar con miembros del Instituto de otro país neutral para reemplazarlos. El 11 de junio de 1940 los misioneros del Vicariato de Nyeri, de la Prefectura de Meru y del grupo administrativo de Nairobi fueron concentrados en un campo de internación en Kabete (cercano a Nairobi). El 4 de octubre los misioneros fueron transferidos a Koffiefontein (Sudáfrica). Permanece en Kenya solamente Mons. Re y el P. Maraviglia, los cuáles se alojan con Mons. Stam en casa de los Padres de Mill Hill (Vicariato de Kisumu). En Tanganyka, el Vicario Apostólico de Dar es Salaam, Mons. Maranta de la orden capuchina, se asume la administración directa de la prefectura de Iringa a la cuál transfiere algunos de sus misioneros como superiores de las misiones más importantes, sustituyéndolos en su Vicariato con algunos de los Misioneros de la Consolata. El resto de los cohermanos que permanecen en Iringa gozarán de una cierta libertad limitada que les permitirá continuar su apostolado. La única de las misiones que pudo continuar sus obras de apostolado resistiendo las dificultades de la guerra solamente en manera indirecta fue la de Mozambique, la única que se encontraba en territorio neutral.


2. De un Campo Concreto, los Galla del sur, al campo de la Misión Universal.

El Instituto nace orientado a una misión concreta: los Galla del sur en África Ecuatorial. Allamano había deseado y explícitamente pedido a la Congregación de Propaganda Fide poder enviar a sus misioneros a Etiopía, a la región de los Galla. Esta preferencia era motivada del propósito de continuar el apostolado del Cardenal Guillermo Massaia. Descubramos, ayudados por los documentos, el camino que va haciendo el Instituto ampliando sus horizontes, hasta llegar a la universalidad de su misión:

a. En el plan del Reglamento elaborado por Allamano: “Los cuales se ocuparán de atender a la evangelización de los infieles, en los lugares asignados a ellos por la Santa Sede, especialmente en el África ecuatorial. (Documento 21).

b. En el Borrador esto se expresa de esta manera: “encaminarlos y sostenerlos en la evangelización de aquellas regiones que le serán asignadas por la Sagrada Congregación de Propaganda a la Pía Sociedad. Como primer campo de este apostolado es asignado por la Sagrada Sede, con decreto del 1 de Mayo de 1891, la misión de los Somalíes y Gallas del sur, en África Ecuatorial” (Borrador, naturaleza de la Pía Sociedad, artículo 2).

c. En la Minuta en cambio dice: “Encaminarlos y sostenerlos para evangelizar aquellas regiones que le serán asignadas por la Santa Sede” (Minuta, el carácter propio y fin de la Sociedad).

d. En el Reglamento de 1901 “un Instituto de Misioneros para la evangelización de los infieles, primeramente en el África Ecuatorial” (Reglamento punto I artículo 1, Fin y Características del Instituto).

e. En las Constituciones de 1923: “El Instituto tiene por finalidad: primero, la santificación de sus miembros mediante la observancia de los votos religiosos y de las Constituciones; segundo, la evangelización de los infieles” (Const. 1923. Art. 1, fin del Instituto). “Los Misioneros no pueden ser destinados con relación a otras Misiones, fuera de aquellas asignadas por la Sagrada Congregación de Propaganda Fide al Instituto; y ahí serán regidos por Superiores elegidos entre ellos” (Const. 1923, Art. 4).

f. La cuestión de la apertura de un campo de apostolado fuera de los territorios asignados por Propaganda Fide vuelve a ser discutida en el Capítulo General de 1939, en el cual los padres capitulares se muestran contrarios a esto, y para asegurar esta posición realizaron un comentario al Artículo 4 de las Constituciones entonces vigentes: “No se hará por lo tanto ningún pedido dirigido a obtener Misiones fuera de los territorios que están bajo la jurisdicción de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, también aceptando aquellas Misiones y otros encargos que fueran ofrecidos por la Santa Sede” (Relación sobre el desarrollo operado por el Capítulo Extraordinario del Instituto Misiones Consolata convocado para el 6 de Junio de 1939, en el Boletín del Instituto Misiones Consolata, N 1, 8-16)

En el mismo Capítulo, en cambio, aprobaron la apertura de una casa en Londres para la preparación de los misioneros destinados a las colonias inglesas, de casas Procura en otras naciones y una prudente expansión del Instituto en el exterior, pero siempre en función a las Misiones. En este capítulo general se elaboró el Orientamiento que debía asumir la nueva fundación del Brasil (realizada en esos años) y un Estatuto para la misma. Nos limitaremos a presentar el Artículo 3 del Orientamiento: “En base al artículo 4 de las Constituciones no se puede, por el momento, considerar a Brasil como un territorio de Misión. Por lo tanto la línea a seguirse en las obras iniciadas debe orientarse únicamente a dos finalidades:

  • formar Misioneros,
  • procurar medios financieros a las Misiones (cf. Boletín del Istituto Missioni Consolata, Torino 1940, N 1, pag 18).

g. El Capítulo General de 1949 ha sido decisivo en la identificación de la finalidad del Instituto en América, en regiones donde se debiera realizar un verdadero trabajo de organización de la Iglesia y de formación cristiano – religiosa para venir al encuentro de la urgencia y de la necesidad, problema tan remarcado por el Santo Padre, considerando este trabajo como verdadero apostolado misionero de la misma manera que se realiza en las misiones dependientes de Propaganda Fide para atender a los cristianos ya convertidos (cf. Sviluppo delle attivitá del Istituto, en las Actas del Capítulo General de 1949, Bolletino dell’Istituto Missioni Consolata, N12, pag. 77).

A consecuencia de un requerimiento de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide la legislación Capitular, que en la voluntad de los padres capitulares debería haber quedado como “Estatuto Capitular” ad experimentum, es introducida en las Constituciones. A consecuencia de esto fue modificado el Art. 1 tomando la siguiente forma: “El Instituto tiene por fin general la glorificación de Dios y la santificación de sus miembros mediante la observancia de los votos religiosos y de las Constituciones; por fin especifico la propagación y conservación de la fe especialmente entre los infieles” (cf. Observaciones Conclusivas del Superior General, Bolletino 12, pag 93).

En las mismas observaciones del Padre Domenico Fiorina, en su cualidad de Superior General, con respecto a la América Latina se expresa de la siguiente manera: “ Otras regiones, también siendo en parte ya cristianas, se encuentran en la misma situación: ignorancia religiosa absoluta e imposibilidad de ser asistida espiritualmente contando solamente con el personal local, frecuentemente reducida a cero. En estos lugares solamente un Instituto Misionero podrá desarrollar una acción eficaz de conquista de los paganos y de perseverancia de los cristianos. Hacia estas tierras, especialmente las de América Latina se dirige actualmente la vigilante atención del Santo Padre para poner freno a la difusión del error protestante y a la propagación de un espiritismo pagano.”(Cf Ibíd, pag 94)

h. En los documentos capitulares de 1969 encontramos las siguientes expresiones: “El Instituto es una Congregación misionera-.religiosa, que tiene por fin especial la evangelización. Por evangelización se entiende la dimensión específica de la misión de la Iglesia que va dirigida sea al anuncio del mensaje evangélico a los no cristianos para la fundación y maduración de las nuevas Iglesias, sea la ayuda de Iglesias ya fundadas pero necesitadas de una nueva acción misionera (Este texto capitular hace eco del documento Ad Gentes 6, Doc. Capitulares, en Documentos Capitulares de 1969, III El Instituto y la Misión, punto 6).

i. En las Constituciones de 1982, se expresa de la siguiente manera en su Artículo 17: “Las actividades correspondientes a nuestra identidad y a nuestro fin son:

  • el anuncio de la Buena Noticia a los pueblos todavía no evangelizados, con preferencia por aquellos más necesitados y abandonados;
  • la colaboración temporal con las Iglesias parcialmente evangelizadas y que no han alcanzado una suficiente autonomía en los ministerios y en la maduración de las comunidades cristianas;
  • la animación misionera y vocacional cualificada del pueblo de Dios, y la formación de misioneros.
  • El servicio por la vida y el desarrollo del Instituto” (Constituciones de 1982, Art. 17).


Conclusiones de este punto.

El Instituto, como todo organismo vivo, va evolucionando a lo largo de su vida, en este caso va ampliando el horizonte de su campo de misión, no de manera lineal sino a veces entre contradicciones y resistencias internas.

Las causas que son catalizadoras de este proceso son:

  1. Las coyunturas históricas que se van presentando: querían ir a los Gallas pero fue imposible y tuvieron que ir a los kikuyus, etc.
  2. La evolución que se va dando en el ámbito eclesial durante el siglo XX en el concepto de misión, también esto con sus idas y vueltas, con las acentuaciones de cada momento histórico.


3. Antecedentes del Instituto en América.

a. Estados Unidos.
En 1910 el Padre Allamano realiza los primeros tentativos de apertura de casas fuera de Italia, en territorios no considerados “entre infieles”. Tentativos que, debido a las circunstancias contrarias del momento, no logran plasmarse. La motivación preponderante para estas aperturas era la exigencia de una mayor preparación por parte de los misioneros, en el campo del perfeccionamiento lingüístico.

El primer testimonio lo encontramos en la carta enviada del Padre Allamano al Canónigo Camisassa, cuando este último se encontraba visitando las misiones de Kenya. La carta lleva fecha del 29 de junio de 1911: “Vuestra Señoría se aconseje con Monseñor, y regresando a Italia concertaremos la ida a Inglaterra”. Desde Africa, en cambio, Mons. Perlo señalará su preferencia por los Estados Unidos, aduciendo que allí se lograrían mayores ofertas para las misiones. El Padre Allamano continúa a insistir en la propuesta inicial de Inglaterra, pero poco a poco va cediendo hasta finalmente aceptar con entusiasmo la nueva idea. La manera como se impostaría esta nueva presencia la podemos encontrar en la respuesta dada por el Pbro. Giovanni Balanger (que en esos años, a partir del 1904 trabajaba en Cincinnati al servicio de los emigrantes) a un pedido de orientación, para la apertura en esas tierras, solicitado por el Padre Allamano: “Me ha llegado su atenta del 28 de Agosto, y en respuesta a la misma le digo enseguida que aplaudo su deseo de abrir una Casa de Misioneros de la Consolata entre los italianos emigrantes a los Estados Unidos de América, por todas las razones que Ud. expone, y por el bien que podrán hacer también aquí. A mí me parece que la Casa debe establecerse en alguno de los Estados del Este, en Nueva York o en sus cercanías, donde son numerosos los italianos, y desde donde podrán después ir a predicar Misiones en diversas colonias...”. Las dificultades de la primera guerra mundial imposibilitaron llevar a cumplimiento este proyecto a causa del llamado a las armas de un gran número de miembros del Instituto con la entrada de Italia en el conflicto como potencia beligerante.
Finalizadas las hostilidades, el Padre Allamano, destina a algunos de sus misioneros para este proyecto; pero el plan no se realizará porque a mitad de julio de 1919, Mons. Giovanni Bonzano, delegado apostólico en los Estados Unidos, lo disuade durante su visita a la Casa Madre de Turín.

b. Argentina. Este proyecto fue elaborado en 1936 y consistió en un pedido de informaciones dirigido a diversas personas, residentes en Argentina y ya conocidas con anterioridad. En este pedido se comunicaba la intención de abrir una casa religiosa en ese país. Se les solicitaba informaciones sobre cuál sería la localidad más adecuada para este fin. Este paso fue realizado por el Padre Giovanni Piovano a nombre del Superior General, Padre Gaudenzio Barlassina, recibiendo tres respuestas:

• del Pbro Giovanni Cinotto (párroco del Santuario de la Consolata en Sampacho), el cual recomienda abrir la primera casa en Buenos Aires y no hacerse muchas ilusiones sobre las vocaciones, por la falta de perseverancia de las mismas.
• del Pbro. Francesco Marciante (rector de la Iglesia San Ildefonso, de Buenos Aires), el cual recomienda aprovechar la estadía del Cardenal Copello (primado de Argentina) en el Colegio Pío Latinoamericano de Roma para hacerle conocer el Instituto Misiones Consolata.
• Del Pbro. Enrico Visca Caviglia (Cura Párroco de la localidad de Oliva en la Provincia de Córdoba), quién entiende la presencia del Instituto como ayuda a las diócesis carentes de clero. Esta visión era distinta a la del Pbro Cinotto (el cuál prospectaba la presencia del Instituto entre los inmigrantes italianos). Frente a estas respuestas se siguió avanzando en la realización de este proyecto y, si bien no tenemos ningún testimonio escrito sobre el cómo y el cuándo, todo hace suponer un encuentro personal en Roma con el Cardenal Copello tal cual era aconsejado por los interpelados. El Cardenal habría colocado condiciones gravosas. De frente a esto por una parte y de frente a una propuesta sumamente ventajosa proveniente del Obispo de Botucatú (Brasil) se decide archivar el proyecto “Argentina” y orientarse más bien hacia este nuevo horizonte que se mostraba prometedor.

Los motivos que guiaron la elección de la Argentina no se encuentran directamente expresados en el material analizado, si bien se sobrentienden. Nosotros trataremos de llegar de manera indirecta. Innegablemente en la mente de los superiores del Instituto Misiones Consolata estaban presentes los siguientes datos:

  • la presencia de una numerosa colonia italiana en Argentina;
  • la presencia en el año 1936 de mil trescientos noventa y siete suscriptores de la revista Missioni Consolata;
  • la presencia de bienhechores de Misiones Consolata (en el archivo de Roma, hay treinta y dos certificados de depósitos bancarios enviados por el Pbro. Enrique Visca Caviglia, y abarcan de 1932 a 1941).


4. La Primera Presencia en América: Brasil

De Frente a las dificultades que se presentan en Argentina por una parte, y frente a la invitación que hace Mons. Carlos Duarte Costa, obispo de Botucatú, para ir a trabajar en su diócesis, los esfuerzos cambian de dirección y se dirigen al Brasil.

Hay que reconocer un intento previo de apertura en Brasil. Padre Allamano respondiendo al Pbro Sebastiano Scarzello (misionero de la Consolata en Kenya desde 1903 a 1909, dejando después el Instituto, pero manteniéndose siempre ligado a él, llegó a Brasil en 1912 y permaneció allí hasta su muerte en 1974), lo invita a continuar su obra en Brasil y lo compara con José en Egipto. En esta carta Padre Allamano le confía que Propaganda le ofreció una misión en América, que por el momento no se puede aceptar, pero que no es ajeno a su deseo de tener en los Estados Unidos o en Canadá una casa o parroquia. (Carta del 11 de Enero de 1915). La relación siguió y en tiempos de Mons. Perlo se iniciaron las prácticas para una apertura, ayudados por Scarzello, en Río de Janeiro. Pero a motivo de la Visita apostólica este proyecto tuvo que esperar tiempos mejores.

Estos tiempos mejores llegaron en 1937, con el envío del Padre Giovanni Bisio a hacerse cargo del Santuario de Santa Teresita del Niño Jesús, ubicado en San Manuel y, desde ahí, enviar un informe sobre las posibilidades que ofrecía el Brasil. La finalidad de esta presencia la encontramos en la orientación que se le da a la nueva fundación y el estatuto para la misma: formar misioneros y procurar medios financieros para las misiones.

En esta experiencia surge un concepto nuevo en el Instituto con relación a la manera de cumplir la finalidad de procurar medios financieros para las misiones: el de obra subsidiaria, considerando como tales a las parroquias, las cuales producen recursos financieros para sostener las actividades de formación y de ayuda a las misiones “entre infieles” al mismo tiempo que se procura el bien a los feligreses de las mismas. Dejemos que hable el mismo Padre Bisio a través de su relación de 1937: “Aquí las parroquias son inmensas, el clero en cambio es muy escaso. La población, en general, es buena y generosa. Cuando un sacerdote cumple bien el propio deber recibe, en oferta, mucho más de lo que necesita para sí mismo y de aquello que necesita para realizar las obras de su ministerio. Esto que recibe de más, que el misionero puede enviar al Instituto, ¿no podría hacer considerar las parroquias como centros para recoger fondos destinados al desarrollo de las misiones? Esto, con la gran ventaja de que el sacerdote cumple un trabajo mucho más acorde a su identidad que el que se da al tener que dirigir haciendas agrícolas; siendo al mismo tiempo una oportunidad para colaborar a la salvación de las almas de aquellos entre los cuáles se encuentra”.

También se debe a la visión del Padre Bisio la búsqueda de un compromiso de verdadero apostolado misionero en esas tierras. Con insistencia solicitaba al Padre Barlassina que el Instituto pidiese a la Santa Sede un territorio de misión en Brasil. Según él no exigiría ni demasiado personal ni demasiados gastos económicos y en cambio habría justificado los pedidos de ayuda económica en el sur y ofrecido a los futuros miembros brasileños del Instituto un campo de apostolado misionero en su propio país.

Ya en 1939 el Padre Bisio llega a la conclusión que no solo es conveniente sino una necesidad ineludible, ya que a todas las congregaciones que trabajan en el sur del país les venía solicitado empeñarse en un territorio de primera evangelización. Cuando llega el permiso en 1940 de iniciar las tratativas, todo tiene que quedar en suspenso a causa de la guerra.

Esto se concretiza después de la guerra, en 1948, un 13 de junio cuando parten para Río Branco los primeros misioneros de la Consolata. De esta manera, en Brasil, se dieron al mismo tiempo dos tipos de presencia: una destinada a la formación de misioneros y recaudación de fondos en el sur y otra netamente misionera en Río Branco. Este esquema se intentara repetir en otros países (en Argentina, una zona de vocaciones y obras subsidiarias (parroquia, colegios) al sur y una zona misionera en el norte, Chaco-Formosa).

En Colombia, si bien la finalidad de la apertura en este país difiere de la de Brasil y Argentina (ya que se fue para un trabajo misionero en una zona que estaba sin atención pastoral en el Magdalena Medio) también se dio con el tiempo algo de ese esquema, creando la Región con énfasis en lo vocacional (aunque permaneciera en su interior empeños misioneros de la etapa fundacional) y la delegación del Caqueta como zona netamente misionera.


5. El Contexto en el que se dan las aperturas en América.

Al finalizar la segunda guerra mundial el Instituto se encuentra con abundante personal misionero disponible y que necesita ser ubicado. Al ser expulsados de Etiopía han quedado liberados de su empeño 76 sacerdotes y 15 hermanos los cuales no pueden ser ubicados en las misiones de Kenya y de Tanganyka al ser colonias inglesas que recomienzan su vida después del flagelo bélico.

Otra situación que se presenta en este contexto son las graves dificultades económicas que se viven en Italia (la principal fuente de abastecimiento financiero del Instituto). Dejemos que el Padre Barlassina a través de su carta circular del 31 de Mayo de 1946 nos ilustre sobre este tema: “... en familias enteras falta el pan, viejos y niños mueren o se desmayan de hambre. ¿Qué tendremos que decir de aquellas familias no de diez sino de cientos de personas, esto es, de las instituciones públicas y de las familias religiosas? Es una pena saber y ver instituciones benéficas reducidas a tanta estrechez de no poder recibir a nuevas personas que golpean a sus puertas y a veces ni siquiera poder mantener a aquellos que tienen a su cuidado con el debido cuidado y asistencia. Más doloroso es pensar en muchos monasterios de clausura... y sé de más de uno, conformado por más de veinticinco religiosas, de las cuáles, hace pocos días, tres solas pudieron ir a rezar a la capilla, las otras estaban impedidas por el agotamiento, afectadas por la desnutrición. ¿Y nosotros? Nuestro Instituto, no menos que los otros... Y ahora que se ha agravado también para nosotros esta desagradable situación material, con la insuficiencia de las entradas necesarias para cubrir las salidas, con mirada humana, se presenta a los responsables la amenaza de deber limitar la aceptación de nuevos alumnos”.

La tercera situación que se presenta es la delicada situación en que se encuentra la Europa de la post guerra, con el fantasma de una nueva confrontación bélica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la tan temida tercera guerra mundial. Veamos cómo está presente este fantasma en el Diario del Padre Pedro Borello, quién el 20 de julio de 1946 mientras espera su permiso de entrada en Argentina escribe: “una sola palabra haría callar nuestra ansiedad, que es siempre más fuerte tanto más que el horizonte pacífico europeo se va cada día nublándo más; una nueva guerra nos bloquearía en patria, lo cuál para nosotros no sería diverso a un campo de concentración, ya experimentado por muchos misioneros”

Este contexto impulsa a realizar muchas aperturas y a hacerlo rápidamente ya que hay que ubicar con urgencia el personal. Por ejemplo en Brasil del año 1946 al 1947 (un año) se paso de 6 a 39 misioneros y pronto llegarían 20 más.


6. Un Paradigma que funciona hasta 1969.

Es al que hemos hecho mención: el de la promoción y formación vocacional, aceptando obras subsidiarias para realizarla (parroquias que respondan o faciliten ese objetivo) y compromisos netamente misioneros.

Analicemos la aplicación del mismo en cada Circunscripción: 

  • En Argentina se fue acentuando la promoción y formación con sus obras subsidiarias con desmedro del grupo del norte del país, típicamente misionero, hasta su mínima expresión. Algunas de las parroquias que nacieron como obra subsidiaria tomaron un matiz de campo misionero en la ciudad.
  • En Brasil, la región sur se especifica netamente como vocaciones, formación de misioneros y obras subsidiarias que permitan realizar el objetivo, dejando a la Región Roraima ser el campo netamente misionero.
  • En Colombia la parte de la Región acentúa vocaciones, formación y obras subsidiarias, el famoso proyecto del cuadrilátero Bogotá – Medellín – Manizales – Bucaramanga para asegurar este objetivo aunque, como hemos dicho anteriormente, conservando presencias misioneras que venían de los inicios. Zona Misionera por excelencia es el Caquetá.
  • En Canadá, vocaciones, formación, fondos para ayudar a las misiones, obras subsidiarias, parroquias entre inmigrantes italianos para cumplir este fin (Nuestra Señora de la Consolata y San Juan Bosco).
  • En Estados Unidos, vocaciones, formación y ayuda para las misiones, a través de los centros misioneros.

Este es un período que se caracteriza por un crecimiento rápido y muchas aperturas ya que se cuenta con personal disponible. A un cierto punto se siente la falta de personal para atender tantas obras, sobre todo para responder a la formación por el multiplicarse de seminarios en todas las circunscripciones.

El personal nativo, para responder a las necesidades de personal y quizás también por una concepción del momento que lo veía trabajando fuera de sus naciones, es destinado a las regiones de origen, a lo sumo los brasileños podían realizar su ir más allá de las fronteras a Roraima y los colombianos al Caquetá.


7. El Paradigma entra en crisis: 1969- 1975

Razones para que suceda esto fueron:

  • los grandes cambios que se dan en la Iglesia (Concilio Vaticano II),
  • los grandes cambios que se da en el caminar de la Iglesia en América Latina (Medellín) la opción preferencial por el pobre, las comunidades eclesiales de base, la teología de la liberación, etc.
  • el repensarse del Instituto en el Capítulo de 1969,
  • la exigencia de la misión que va pidiendo un nuevo tipo de presencia y de opciones: el encuentro con el pobre que nos evangeliza (marginado rural y urbano, indígena y afroamericano). Por ejemplo en 1965 se abre la misión entre los Catrimanis, dando un nuevo horizonte al trabajo misionero en Roraima.


Manifestaciones y búsquedas de este período:

  • La crisis por la el estilo de formación en los seminarios, especialmente en Brasil.
  • Presencia misionera entre negros y minorías étnicas, especialmente de lengua española en Estados Unidos. Esta es una preocupación de la dirección y comunidad regional de USA para crear entre los miembros el sentido de satisfacción, de sentirse realizados como sacerdotes misioneros, en el trabajo actual y local, independientemente de la eventual destinación a las misiones ad extra. Es además un medio para que el Instituto se de a conocer y sea aceptado en su característica misionera.
  • Búsqueda de nuevos estilos de pastoral, de mayor compromiso con el pobre, etc.
  • Podríamos colocar en este contexto de búsqueda la apertura de Venezuela, al principio con un matiz vocacional (con todas las ambigüedades del proceso de apertura, oposición de la dirección de Colombia y de la conferencia Regional de la misma), pero con el sentido de apertura a nuevos horizontes (los cuáles se darán más adelante con la apertura al mundo indígena y afroamericano).
  • En las Conferencias Regionales de las diversas circunscripciones es recurrente tratar la finalidad de la presencia en ese país, ya que no se la ve con claridad.
  • El resultado vocacional no es el que se esperaba, hay dificultades con la perseverancia de los candidatos.


8. Elaboración de un Nuevo Paradigma: 1975 - 1983 ("Nuestra Misión", carta circular de la Dirección General)

Las palabras más comunes son redimensionamiento y recualificación de nuestras presencias misioneras, un trabajo que van realizando las diversas circunscripciones, con diversos ritmos y no sin contradicciones y resistencias internas.

Se fortalece la misión ad extra para los misioneros nativos del continente como parte esencial de nuestra vocación.

Se da un proceso en la formación de base, que lleva a su internacionalización y a criterios comunes que se expresaran en la Ratio Formationis.

La praxis que se fue dando en estos años fue recogida en la carta circular anteriormente mencionada, la cual se expresa de esta manera sobre la presencia en América Latina:

  • los indígenas.
  • los afroamericanos que están aún en la búsqueda de su propia identidad al interior de la Iglesia, y que frecuentemente han sido descuidados en sus exigencias culturales, humanas y religiosas.
  • los grupos humanos marginados, con los efectos de los anteriormente recordados fenómenos de la migración y la urbanización.

En el Capítulo General de 1987 se define un nuevo paradigma para nuestra presencia en la parte norte de América (Canadá y Estados Unidos) con la decisión del cierre de las parroquias que se tenían en esas circunscripciones para cualificar una presencia de animación misionera.

En la concretización de este nuevo paradigma, se debe ubicar la apertura que se realizó en el año de 1987 en Ecuador, en la diócesis de Riobamba, entre las comunidades indígenas quichuas – puruhaés como signo de una reubicación del Instituto en el Continente. Mencionamos el Ecuador por tratarse de un nuevo país, aunque esta reubicación se dio en todas las circunscripciones del Sudamérica a veces con proyectos que no lograron cristalizarse y otras con nuevas presencias reales.


9. El Paradigma es claro pero su realización se resquebraja (década de los 90).

Se tienen que dejar compromisos significativos no para recualificarse ni porque estas comunidades hayan alcanzado su madurez sino por falta de personal, en cuanto número y en cuanto a la posibilidad y disponibilidad para hacer frente a los nuevos tipos de presencia. Se da una dispersión de opciones en cada circunscripción, a veces sin poder responder como se debería a ninguna de ellas. La animación vocacional sigue haciendo agua, en el año 2005 finalizan el año de noviciado siete jóvenes y el año 2006 inicia con solo dos.


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