Oct 19, 2021 Last Updated 7:03 AM, Oct 19, 2021

Colombia: LXXXI Asamblea Plenaria

Categoria: Missione Oggi
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ALOCUCIÓN INAUGURAL DEL EXCELENTÍSIMO MONSEÑOR
LUIS AUGUSTO CASTRO QUIROGA, ARZOBISPO DE TUNJA
PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL
(Bogotá, D.C., 24 al 28 de julio de 2006)

1. SALUDOS

Saludo con especial afecto y deferencia a Monseñor Beniamino Stella, Nuncio Apostólico, cuyas luces son tan importantes para la Iglesia que peregrina en Colombia, al Señor Cardenal Pedro Rubiano Sáenz, Arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, incansable luchador por la vida como lo son también los otros Cardenales colombianos Alfonso López Trujillo y Darío Castrillón Hoyos. A los tres, en momentos como los actuales en que son denigrados por columnistas y editorialistas colombianos, por su defensa de la vida y de la verdad, les manifestamos nuestro aprecio y solidaridad; felicito al Cardenal López Trujillo por la realización exitosa, fructífera e iluminadora del V Encuentro Mundial de las Familias; saludo a los apreciados señores Arzobispos y Obispos, hermanos en el episcopado, a los sacerdotes y colaboradores del SPEC, a los Directivos del CELAM, a la Junta Directiva de la Conferencia de Religiosos de Colombia, a los invitados especiales y a los amables representantes de los Medios de Comunicación.

Deseo dar comienzo a esta Asamblea Episcopal invocando las luces del Espíritu Santo sobre todos nosotros, para que guíe nuestros pasos y nuestras decisiones en la dirección de la voluntad de Dios y el bien de la Iglesia que peregrina en Colombia, en América Latina y el Caribe y se prepara para la Quinta Conferencia General de su Episcopado.

2. TRES ASPECTOS PARTICULARES DE NUESTRA REALIDAD

Quiero referirme de manera especial a nuestra América Latina y del Caribe pero antes es necesario hacer alusión a algunos aspectos más particulares de nuestra realidad de Iglesia en Colombia.

Hay en el momento tres situaciones que nos invitan a la reflexión conjunta y a la acción pastoral decidida, que es nuestra respuesta connatural y adecuada a las mismas.

2.1 Primera: despenalización del aborto en algunos casos específicos. Habiendo la Corte definido mediante sentencia aún no conocida, la despenalización del aborto en tres casos específicos, y siendo su sentencia inapelable, es necesario responder a la misma con medidas pastorales efectivas. Ante todo, es necesario que hagamos entender a nuestros fieles, en la predicación, las publicaciones, seminarios y otros eventos, que una práctica que es abiertamente inmoral por estar contra la vida de los inocentes, no se convierte, con la decisión de la Corte, en una acción moral recta. Los católicos deben saber siempre que, aunque legal, la sentencia dictada no debe dar pie para inferir que la despenalización del aborto lo convierte en un acto moralmente correcto. Nos toca explicar a todo nivel que todo aborto provocado directamente es inmoral y contrario a la ley de Dios y al Evangelio de la vida.

2.2 Segunda: Se está cocinando una propuesta de ley a favor de las personas homosexuales. Al respecto tenemos que tener muy bien en claro cuanto sigue:

La Iglesia no puede aprobar ninguna unión homosexual por contrastar con la ley moral natural y porque el matrimonio en realidad existe únicamente entre dos personas de sexo opuesto que tienden, mediante la recíproca donación personal, a la comunión de sus personas y a la generación y educación de nuevas vidas.

Tampoco acepta el reconocimiento jurídico de las parejas homosexuales, pues no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, célula primaria de la sociedad y agrupación humana originante pues da origen a otros seres humanos.

A las parejas matrimoniales, el derecho civil les confiere un reconocimiento institucional porque cumplen el papel de garantizar el orden de la procreación y son, por tanto, de eminente interés público. Las uniones homosexuales, por el contrario, no exigen una específica atención por parte del ordenamiento jurídico, porque no cumplen dicho papel para el bien común.

De lo anterior se puede colegir que no hay una discriminación de las personas. Negar un reconocimiento legal en este caso no es discriminación sino una exigencia de la justicia que salvaguarda el derecho de la institución matrimonial y vela para que no se oscurezcan valores fundamentales de la sociedad.

Tampoco puede invocarse el principio de la justa autonomía personal. Cada ciudadano desarrolla actividades de su interés que entran genéricamente en los derechos civiles comunes de libertad y no por ello requiere un reconocimiento específico y cualificado, tanto más si es nocivo al recto desarrollo de la sociedad humana.

En cuanto a derechos patrimoniales, las personas homosexuales, como todo ciudadano, pueden recurrir al derecho común para obtener la tutela de situaciones jurídicas de interés recíproco. De hecho, el ordenamiento jurídico actual colombiano permite ya estipular un acuerdo privado en materia patrimonial. Eso hace que sea innecesaria una nueva ley al respecto que lleve, sin razones válidas, los acuerdos privados a nivel público. Esta ley sería también una grave injusticia como es el sacrificar el bien común y el derecho de la familia, con el fin de obtener bienes que pueden y deben ser garantizados por vías que no dañen la generalidad del cuerpo social. Una ley de este tipo, además, puede estimular a muchos a conseguirse compañeros con el fin de aprovecharse de las disposiciones de la supuesta ley, agravando el problema que se quería reglamentar. Estas observaciones les serán entregadas al Senado de la República y ya fueron enviadas al Presidente de la República y a los promotores de la ley.

2.3 Tercera: Educación religiosa escolar. Mientras que seguimos esperando el decreto en favor de la educación religiosa escolar, es necesario, desde nuestra pastoral educativa y familiar, llamar a los padres de familia a la responsabilidad que tienen de exigir la educación religiosa para sus hijos e ilustrarlos sobre las diversas maneras de ejercer ese derecho.

Las tres situaciones anotadas nos piden que las disposiciones contrarias a la moral y que tienen incidencia legal, sean contrastadas con las medidas pastorales de la Iglesia que miran a la formación de la conciencia moral de los hombres y mujeres católicos, de manera que sepan tomar distancia de las disposiciones legales inmorales. Lo anterior no excluye el que se tomen las medidas de carácter civil consideradas oportunas.

Un apoyo especial merece el político católico colombiano que debe decidir sobre las nuevas leyes, trabajar porque las leyes no correctas moralmente puedan ser abrogadas y, si ello no es posible, buscar, mediante sus propuestas, en las que quede claro su rechazo a este tipo de leyes, minimizar los daños de las mismas y disminuir los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública.

No sobra anotar que las tres situaciones consideradas, se relacionan con esas realidades que Benedicto XVI consideraba no negociables: la vida, la familia y la educación.

3. AGRADECIMIENTOS

No cesamos de dar gracias a Dios por las maravillas que va realizando en los pueblos Latinoamericanos y del Caribe; somos un continente joven que camina entre luces y sombras, tratando de encontrar su plena identidad, con el concurso de personas e instituciones religiosas y civiles. Quiero destacar, en primer lugar algunas de esas luces que justifican nuestro optimismo y alientan el trabajo pastoral de éste que es el Continente de la Esperanza.

Ámbito eclesial


1) Somos 606 millones de habitantes; de ellos 495 millones son católicos, cifra que representa cerca de la mitad de los católicos del mundo.

2) Somos 897 Obispos activos, de los cuales 90 colombianos; 41.347 sacerdotes diocesanos de los cuales 5.922 son colombianos y 22.547 sacerdotes religiosos de los cuales 1.865 son colombianos.

3) Las cifras dan cuenta de 120.301 religiosas, de las cuales 14.632 son colombianas. Hay además 20 Universidades Pontificias y 61 Universidades Católicas en diversos países del continente.

Todos estos datos ponen de relieve una formidable red de servicios apostólicos en América Latina que debería entrar en un proceso de comunión y colaboración más estrecho, resultante en un enriquecimiento mutuo para una mayor eficacia en la presencia. Gran desafío es éste para la V Conferencia.

Ámbito sociocultural

En el ámbito sociocultural contamos en la América Latina y en el Caribe con gente emprendedora y trabajadora, con diversas costumbres y tradiciones que hacen parte de un universo de culturas que debemos escuchar con atención pues nos ofrecen grandes desafíos pastorales. Valoramos el talento de nuestros profesionales, científicos y artistas. Nuestro continente es rico en recursos naturales lo cual constituye un reto hacia el futuro.

La Iglesia de América Latina y del Caribe sabe que debe comprometerse a ser el centinela vigilante atento y cuidadoso de estas realidades para que nuestros pueblos de verdad crezcan y en Cristo tengan vida.

4. BRECHAS

Cuando Juan Pablo II daba una mirada a nuestro mundo, veía un cuadro desolador y exclamaba: “La palabra “abismo” vuelve a los labios espontáneamente”. Explicando mejor esta imagen del abismo decía que a lo largo de estos años se ha verificado una velocidad diversa de aceleración que impulsa a aumentar las distancias (Sollicitudo rei Socialis, n. 14). Al considerar a Latinoamérica y el Caribe, podemos mirar esas distancias en términos de preocupantes brechas que desafían de diversas maneras nuestra pastoral de comunión.

4.1 Brecha entre la identidad sociológica y la identidad católica del cristiano latinoamericano

Reforzar la identidad teológica es cuanto se propone la Quinta Conferencia. ¿Por qué? Sencillamente porque no corresponde suficientemente con la identidad sociológica, esto es, con la identidad que cada uno reconoce y narra como propia.

La identidad teológica está definida por el mismo tema central: «Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que Nuestros Pueblos en Él tengan vida». Teológicamente, sabemos cuál es la identidad de este discípulo y de este misionero: Un llamado por Jesucristo para ser enviado por Él, a partir de ese encuentro amoroso con Jesucristo vivo, llamado fe.

La identidad sociológica del católico se vive de diversas maneras. La más preocupante es la expresada y analizada en la IV Conferencia en Santo Domingo (N. 39-40,41) y es la del cristiano que vive su cristianismo como un evento cultural que aprendió gracias a una serie de costumbres cristianas, de doctrinas cristianas, de prácticas cristianas, pero que adoleció de lo fundamental: El encuentro personal con Jesucristo vivo, ése que se vive cuando se recibe el kerygma. De manera que su fe es tan frágil que es susceptible de ser arrastrada por corrientes e ideologías no católicas.

La brecha entre el católico sociológico y el católico teológico indica que el primero alimenta su catolicismo con los factores culturales y éticos del mismo, presentes en su hogar y en otros contextos, con todos los antivalores que se le hayan adherido, y que contribuyen a dar sentido, no siempre correcto, a su identidad y a su seguridad.

El segundo alimenta su catolicismo no sólo con factores culturales sino ante todo con el encuentro con Jesucristo vivo y su Evangelio dentro de la comunidad cristiana eucarística, un encuentro que muchas veces lo pondrá en contracorriente y en riesgo en su misma cultura, en aras de la fidelidad al Evangelio y a la Iglesia, así como del crecimiento de su fe.

4.2 Brecha entre el ser discípulo y el ser misionero

Desde los tiempos de la conquista y de la colonia se acentuó muchísimo el ser discípulos de Jesucristo, pero se dejó en la sombra el desafiar al cristiano latinoamericano con el compromiso misionero en primera persona.

Los misioneros se esforzaron sobre manera para que cada latinoamericano fuese un buen discípulo de Jesucristo pero no sembraron masivamente su carisma misionero en el continente.

De esta manera, crecieron demasiadas generaciones sin el mandato misionero el cual, por este motivo, no entró en la cultura cristiana como un compromiso de cada uno de ir más allá de las fronteras de su fe, sino simplemente como un compromiso de ayudar a los especialistas de la misión. Se trataba de vivir la misión como hinchas que la apoyan pero no como jugadores que descienden al campo.

Esta brecha empezó a ser cerrada en Puebla (N. 368) pero aún falta mucho para que se asocie el misionero al discípulo, el llamado al enviado, el evangelizado al evangelizador, el receptor de beneficios eclesiales al dador de vida y tiempo para beneficio de los demás.

Qué carga de desafíos misioneros presenta nuestra época sometida a la dictadura del relativismo, época muy parecida a la de los primeros siglos de la Iglesia, tan fecundamente misioneros.

El mapa de la misión debe ser nuevamente construido, para que no se nos escapen los grandes desafíos misioneros de hoy, en y desde Latinoamérica, que no se refieren sólo a las étnias, sino a nuevos areópagos culturales y a endiosadas estructuras sociales y políticas.

4.3 Brecha entre culto y cultura

Un devoto encerramiento en el culto eucarístico que no se traduzca en una cultura de la Eucaristía, va generando una brecha lamentable entre culto y cultura, así que lo que se vive el domingo es muy diferente de cuanto se vive el resto de la semana. La brecha anotada por Juan Pablo II en su última carta apostólica “Mane Nobiscum, Domine”, es para nosotros un gran desafío por diversos motivos.

Si en el ámbito de la organización política, el Estado tiene su propia autonomía y la Iglesia no pretende ocupar un puesto, como advierte Benedicto XVI en su primera encíclica, en el ámbito de la sociedad civil y de la cultura subyacente sí tiene que ocupar un puesto y es precisamente ese que tiene que ver con los valores, con las cuestiones últimas de sentido, con la visión total de la realidad, con la convivencia comunitaria, con la compasión y la solidaridad, con la familia, con la paz, con la educación al bien común, con la lucha contra los ídolos que desean suplantar al Absoluto, etc. Quien dice cultura, dice religión. En el corazón de la cultura está situada la religión. No podemos dejar que esa brecha nos encierre cultualmente y nos haga inanes culturalmente.

4.4 Brecha entre la caridad interpersonal y la caridad estructural o política

La primera carta de Benedicto XVI sobre el tema de la caridad, nos mueve a considerar otra brecha que no hemos podido cerrar de manera adecuada.

La fe se expresa en la caridad, dice Pablo y la caridad es, por una parte, interpersonal como bien lo sugiere la parábola del Buen Samaritano. El cristiano latinoamericano sabe muy bien que debe vivir esta dimensión de la caridad como quiera que es el signo de su verdadero cristianismo.

Pero la caridad, por otra parte, es también política, sensible a las estructuras de la sociedad. Esta caridad política de que hablaba Pío XI y el Vaticano II así como Juan Pablo II, requiere no la microvisión de la caridad interpersonal sino la macrovisión que ve la sociedad en su conjunto, sus necesidades y las posibles soluciones a las mismas.

El acento que hemos dado a la primera, y no tanto a la segunda, ha hecho que mientras nuestros cristianos están dispuestos a la caridad asistencial, creen que la otra caridad es más cosa de especialistas y de políticos, cuando es sencillamente parte de su deber cristiano de participar en la construcción de un continente de mayor justicia y equidad. Esta brecha debe ser cerrada de manera metódica, desde la fe en el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia.

Esta brecha nos permite aún otro análisis. Si colocamos en un lado el hecho de la inequidad que desde el año 1930 no ha cambiado, según los datos recientes del Banco Mundial, y al otro lado colocamos el hecho de que la gran mayoría de estos dos grupos que protagonizan la inequidad -ricos y pobres- son cristianos, descubrimos una brecha adicional muy preocupante que nos habla de una fe poco comprometida con un cambio social justo.

Hemos denunciado el pecado social, el pecado estructural, pero parece que no hemos formado suficientemente la fe del cristiano común y corriente para enfrentar este pecado con la fuerza de la caridad política, de la macro caridad. Superar esta brecha causada por la falta de formación, con la iluminación de la Doctrina Social de la Iglesia, es uno de esos desafíos de extrema urgencia y tema de importancia para la V Conferencia.

4.5 Brecha entre Iglesia y política

Cuando Evo Morales, al comenzar el acto de su posesión como Presidente de Bolivia, invocó a la Pacha Mama, se sintió que una brecha entre Iglesia Católica y Estado estaba teniendo lugar, que un puente se quería romper y ello en nombre de los pobres. De ahí las advertencias de la pasada Conferencia Episcopal Boliviana[1].

Es para nosotros un gran desafío mantener el puente que une Iglesia latinoamericana y política. Ese puente no es otro que el puente ético, el puente moral.

Ese puente nos da la capacidad de iluminar al Estado y a la política. No hay una política cristiana pero sí una luz cristiana sobre la política.

Esta luz genera sensibilidad por todo lo humano que la política a veces tiende a sacrificar, en aras de otros objetivos.

Esta luz ofrece orientaciones, ya desde una ética inspirada por la Doctrina Social de la Iglesia y apoyada en la ley natural, ya desde una moral específica en cuanto se deja guiar por el Evangelio de Jesús.

Esta luz ofrece y alimenta actitudes como la compasión, la indignación con el mal, el cuidado del otro y la lucha por la justicia.

Esta luz va forjando una cultura de la solidaridad y demás valores que hacen de la nuestra, una sociedad buena y justa.

De esta manera la ética civil, esto es, la ética que vive el latinoamericano medio, se va elevando para que se acerque cada vez más a la utopía de una sociedad según los valores del Evangelio.

Nos advierte Benedicto XVI: “La Iglesia tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética su contribución específica para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables”[2].

4.6 Brecha interior entre el político y el católico

Cuando tenemos que ir al Congreso o al palacio presidencial se nos exige de inmediato dejar el celular en la puerta.

Tenemos la impresión de que lo mismo acontece a veces a muchos políticos católicos que dejen, no el celular, sino la fe católica en la puerta y la recogen cuando salen.

Esta brecha interior entre el político y el católico, debe cerrarse para que el católico como tal se haga presente en las instituciones del Estado.

“Los compromisos de los políticos católicos se han de definir en el futuro en torno a dos ejes netamente distintos pero que se exigen mutuamente.

Primero: la defensa de los derechos humanos como exigencia universal de la razón para la convivencia de todos los pueblos.

Segundo: el testimonio claro y transparente de que para los católicos ese aprecio de los derechos y la dignidad del ser humano está vinculado con la persona de Jesús que se identificó con los pobres de su tiempo y de todos los tiempos y cuya fe en Él la vive y alimenta en la Iglesia Católica a la que ayuda a ser fiel a su misión”[3].

Es necesario que como parte de la formación cristiana emprendamos también la tarea de formar al cristiano en la política. De la V Conferencia esperamos una orientación para esta formación.

4.7 Brecha entre democracia y desarrollo

El PNUD ha puesto de manifiesto esta brecha al constatar que si bien América Latina lleva treinta años de democracia, sin embargo, sus raíces no son profundas. Esto se refleja en el hecho de que “la proporción de latinoamericanas y latinoamericanos que estarían dispuestos a sacrificar un gobierno democrático, en aras de un progreso real socioeconómico, supera el cincuenta por ciento” [4].

El asunto se comprende porque la democracia lleva ya varios años en el poder y no logra responder a los principales problemas del continente que para la población son, en orden de gravedad: problemas de empleo (33.9), pobreza, desigualdad e ingresos insuficientes (27.0) delincuencia y drogas (12,3) corrupción (11.1), violencia política (7.4), servicios e infraestructura insuficiente (6.9)[5].

A todo esto se añade la debilidad de realidades como los derechos humanos, el poder judicial, la libertad de prensa y el alto número de excluidos que no tiene acceso al poder a través de los canales formales. Se constata que hay mucha democracia electoral pero poca democracia de ciudadanía basada en el ejercicio de los derechos sociales.

Lo anterior no significa que los latinoamericanos quieran volver a formas de autoritarismo. El malestar no es con la democracia sino en la democracia y no se quisiera sufrir la brecha entre ella y el verdadero desarrollo que espera todavía sea una realidad a través del canal adecuado: la recta política. La nuestra, por tanto, no es una democracia plena sino débil y deficiente. Por ello su dificultad para que sea camino más efectivo hacia el desarrollo, esto es, hacia la eliminación de los altos índices de pobreza y desigualdad.

A lo anterior se añade otra dificultad: hoy, como en el pasado, se vuelve a generar la brecha entre el mismo Estado y la misma nación. El Estado se desprende de la nación y progresivamente tiende a convertirse en un agente de los procesos de mundialización. Lo político y lo social se subordinan al dinamismo de la economía de mercado y a las exigencias de las empresas transnacionales. Presenciamos ante la fuerza del mercado, la impotencia de lo estatal y lo político, o su variedad de reacciones en el continente.

¿Cómo ubicarnos frente a esta brecha? La Doctrina Social de la Iglesia nos cuestiona sobre si, como Iglesia Católica en el continente, estamos, como debemos estar, contribuyendo, todo lo posible y todos, desde nuestra fe, al desarrollo y a la sana democracia. Se nos pide más acción y reflexión en torno a la justicia social, la globalización de la solidaridad, la defensa de los derechos humanos y el llamado continuo a los organismos internacionales. Todo esto debe ser parte de nuestro quehacer, como nos lo pide el magisterio de la Iglesia.

El asunto requiere una cuidadosa reflexión también en el seno de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

4.8 Brecha entre el sistema político y el estado de derecho

Aunque no es verdad que en Latinoamérica la justicia se aplica sólo a los de ruana, sin embargo, la larga historia de la impunidad jurídica, política, moral e histórica, ha generado la idea, no sin fundamento, de que en la realidad no existe igualdad ante la ley y que es inevitable ser desconfiados ante la eficiencia del sistema judicial. Sin embargo, las reformas introducidas en los últimos años han reducido los niveles de impunidad.

No nos toca directamente cerrar esta brecha, pero sí ejercer una presión ética sobre el sistema judicial para que evite cada vez más la impunidad.

Nos corresponde, además, estar presentes en la realización de procesos educativos y pastorales que permitan inculcar nuevos valores en el pueblo latinoamericano a fin de que pueda desarrollarse una cultura de la responsabilidad frente a la ley y de honestidad en las actividades humanas públicas y privadas.

Cada cristiano latinoamericano está llamado a dar ejemplo en acatar la ley, decir la verdad, mantener la palabra empeñada, cumplir los contratos, pagar los tributos, combatir la corrupción, ejercer su oficio éticamente, anteponer el criterio general al particular y administrar honradamente el patrimonio público así como el familiar y el privado. Así evitamos que las leyes vayan por un lado y su aplicación por otro.

5. RETOS

La exhortación apostólica Iglesia en América refiere (N. 70) que los padres sinodales pidieron para la nueva evangelización esfuerzos lúcidos, serios y ordenados para enfrentar retos como la evangelización de la cultura. Quisiera enumerar brevemente algunos de esos retos que están desafiando a la Iglesia de América Latina y el Caribe.

5.1 Insuficiente número de sacerdotes y de seminarios mayores

En 1999 en América Latina había un sacerdote por cada 16.748 católicos. Cinco años después, la proporción no se ha modificado sustancialmente. En Canadá hay un sacerdote por cada 1.335 fieles y en Estados Unidos un sacerdote por cada 1.295 fieles.

Naturalmente, las estadísticas no reflejan las verdaderas urgencias como la de países y regiones donde el número de fieles por sacerdote es 10 veces mayor de lo indicado estadísticamente.

El problema actual tiene que ver con la calidad y cantidad de los formadores; con las finanzas de los seminarios; con el bajo nivel académico de los estudiantes debido a las causas anteriores, además a la deficiente preparación escolar preuniversitaria en fin, tiene que ver con la desafección que existe en muchos seminaristas, formadores y Obispos por el estudio serio y sólido, a favor de una gran preferencia por las actividades de pastoral. Todo ello ha llevado lamentablemente a un descenso en el nivel cultural y teológico del clero.

5.2 Promoción de la mujer

Hoy, en todos los países de la región, más en unos que en otros, la democracia y el proceso de democratización tienen en la mujer un referente, ya sea como una de las dimensiones de la desigualdad social que debe superarse, o como sujetos sociales cuya participación sigue siendo decisiva.

La igualdad fundamental del género humano expresada en el texto bíblico de la creación, exige de nosotros una preocupación constante para hacerla realidad.

Es verdad que en la Iglesia, la participación de la mujer es cada día más amplia y que no existe comunidad eclesial, trabajo pastoral o acción evangelizadora que no cuente con su aporte real y efectivo. Pero no siempre se han materializado las preocupaciones por favorecer una mayor inclusión y participación de la mujer en la Iglesia. Somos, eso sí, conscientes de la necesidad de seguir acompañando e impulsando una acción comprometida para que le sean respetados sus derechos.

Es necesario reconocer con gratitud la forma admirable como la mujer latinoamericana se ubica en la pastoral de la Iglesia dentro de la visión de servicio propia del Evangelio, con una capacidad extraordinaria para hacer avanzar al pueblo de Dios por los caminos de la santidad y del compromiso apostólico.

Hay que destacar el hecho de que las mujeres se organizan en redes y movimientos que van más allá de los países de la propia región y son más internacionalistas que otros sujetos o actores.

Quisiera subrayar también el aporte de la mujer a la paz y reconciliación. En una cultura del músculo, la mujer latinoamericana está dando un tono diferente a los procesos de paz y reconciliación y a la convivencia, humanizándola significativamente.

5.3 Drama étnico racial

Aunque la contribución de los afroamericanos e indígenas a la vida del continente constituye parte fundamental de su historia, cultura e identidad, América Latina no ha logrado reconocerse tal cual es. La cuestión étnico racial, por más que aparezca en las estadísticas, es encubierta o soslayada no sólo por parte del poder estatal, sino en el seno de la propia sociedad civil. El racismo y la discriminación se encuentran en el corazón mismo del continente.

Pero los 40 millones de indígenas de múltiples pueblos ya no están contentos de vivir al margen de la sociedad.

De allí que sus movimientos tienden a reivindicar cinco aspectos que son comunes a todas las comunidades indígenas de América Latina: su lucha por la tierra comunitaria, la producción colectiva, la cultura propia, la cohesión de su movimiento y la participación en el poder para lograr más justicia social y tutela de su ser minorías indígenas. Estos cinco anhelos se pueden apreciar sea en el corazón de los Aymaras en Bolivia, como de los Quechuas en Ecuador, o de los Mayas en Méjico y Guatemala, así como en la misma teología india construida por algunos sobre la base de las cosmologías indígenas y por otros sobre la base de la teología católica de la inculturación y a veces mezclando las dos bases y generando confusiones y perplejidades.

Colombia, Bolivia, Paraguay, Perú y Ecuador tienen una constitución multicultural que reconoce a los indígenas derechos en términos de educación bilingüe, leyes comunitarias y propiedad colectiva.

Misioneros y antropólogos, en torno a la realidad indígena, se han encontrado con frecuencia en posiciones antagónicas. Pareciera que los misioneros miraran al futuro y los antropólogos al pasado. En realidad se necesita en ambos una doble mirada.

5.4 Derechos humanos, sociedad civil y exclusión

Hay una gran cantidad de movimientos y organizaciones en el continente que, con ojo avizor, están pendientes de que no se pisoteen los derechos humanos y contribuyen al desarrollo de la sociedad civil y a la promoción de la ciudadanía.

Pero hay que decir que en el continente se encuentra una franja de población, entre el 30 y el 60%, formada por los llamados invisibles, que no forman parte de las sociedades civiles, porque no tienen identidad, proyecto, organización social ni forma de lucha para afirmarse, para defenderse y conquistar derechos y reconocimiento público.

De allí que nos corresponde, como parte de nuestra acción pastoral continental, colaborar para que todos los excluidos puedan transformarse en sujetos históricos de su propia inclusión, empezando por crear ocasiones para despertar en ellos su sentido de comunión y participación dentro de la Iglesia.

5.5 Sindicatos, empresarios y sentido social

Víctimas principales de tantas dictaduras en el continente, los sindicatos se presentan como los abanderados de la justicia social, los constructores de la democracia real y poseen una gran incidencia política. Su interés primordial son aquellos que viven de su trabajo, más que los excluidos, pero luchan a su modo por la inclusión social y tienen fuertes raíces en las empresas. Debemos recuperar esa vocación de acompañamiento de los movimientos sindicales del continente.

A su vez, a los empresarios y propietarios, aunque su insistencia ha sido más que todo en el crecimiento de sus propios recursos, una nueva conciencia los está llevando a enfrentar más y mejor, los retos del desarrollo con justicia social.

Puebla nos recordaba nuestro deber de acompañar a estos constructores de la sociedad.

5.6 Movimientos campesinos

Estos movimientos tienen una gran trayectoria y ocupan un lugar central en la historia de América Latina. Son movimientos que se han renovado en su identidad, en sus formas de organización y contribuyen enormemente al bienestar del continente y a su construcción democrática.

Quisiera evocar el movimiento de los trabajadores rurales sin tierra que surgió en la década anterior en algunos países como Brasil. Es el símbolo de tantos campesinos del continente que desean tener un pedazo de tierra para vivir y deben ir a buscarla, en condiciones muy difíciles, fuera de la frontera agrícola.

El drama de la tierra se percibe en su dramatismo al sólo considerar que en Colombia el 4% de los propietarios posee el 67% de la tierra, y en otros países la situación no es mejor y ello en un continente en el cual la cultura del agro tiene tan significativa importancia.

5.7 Presencia en el mundo de la cultura y de los medios de comunicación

Hoy, los medios de comunicación de masas son espacios de construcción del imaginario colectivo, de modos de ver y concebir, de movimientos de opinión que alimentan los procesos en curso de las sociedades civiles en términos de identidad y participación. Hoy los medios de comunicación de masas son la instancia primordial de construcción de la agenda pública y de sus prioridades. Hay que estar presentes en estos areópagos con la luz del Evangelio.

5.8 Trabajo por la Paz

En materia de seguridad hemisférica, América Latina asiste a una nueva función: a la amenaza de legendarios grupos subversivos que se resisten a dejar las armas, se suma la de pequeños núcleos armados locales que creen en la efectividad de la violencia.

La Iglesia en Colombia puede presentar una de las mejores experiencias de trabajo por la paz de manera que su aporte puede iluminar a las otras Iglesias de América Latina. Realidades como la Comisión de Paz del Episcopado, la Comisión de Conciliación Nacional y la Pastoral Social, pueden ser fuente de información y formación para la paz en las Iglesias de otros países de América Latina.

5.9 Una reforma migratoria justa

En el 2005 el número estimado de indocumentados en Estados Unidos ascendió a 11 millones de personas para hablar sólo de este país. Cerca de seis millones son de origen mexicano, pero hay indocumentados de casi todos los países del continente. La cifra de 11 millones representa un aumento de casi un millón con respecto al 2004, año en que el número se situó en 10.4 millones de personas.

Si le decimos al Estado y a la Iglesia de Estados Unidos o de Europa que es su problema, estamos cometiendo un grave error. Debemos cooperar, pero si dejamos sencillamente que tenga lugar una migración sacerdotal sin control o improvisada, estamos creando un problema más grave del que queremos resolver. Dos desafíos nos tocan de alguna manera: el de acompañar a los emigrantes en la búsqueda de una vía humanitaria y el de formar sacerdotes para responder comunitariamente, y no como golondrinas aisladas, a este fin específico.

6. LOS OBJETIVOS DEL MILENIO

Tengamos presente en la Quinta Conferencia los logros del Milenio, a saber: Erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna; combatir el SIDA, el paludismo y otras enfermedades graves; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; fomentar una asociación mundial para el desarrollo. Colombia ha avanzado en estos logros, otros países menos y es necesario estimular a todo el continente.

Demos relieve al hecho de que América Latina está logrando poco a poco una de las más importantes metas planteadas: la reducción del hambre. Según datos aportados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en 15 de 24 países la desnutrición infantil ha disminuido de un modo tangencial[6].

Sin embargo, el panorama mundial y latinoamericano no es optimista. Los objetivos no se están logrando como se quisiera. Si se examina a fondo el problema se descubre que la raíz está ni más ni menos que en el débil sentido humanitario que se vive hoy en el mundo. En ese punto se enclava nuestra colaboración de expertos en humanidad como solemos definirnos: en vivificar y reforzar este sentido humanitario global que considera a todo ser humano como mi hermano con una preferencia por el más pobre, y se decide, con hechos y no sólo con documentos, a nivel estatal, regional y personal, a hacer algo por él.

7. CONCLUSIÓN

Al iniciar esta Asamblea Plenaria en la que debemos dar un aporte a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y en la que tomaremos en consideración graves problemas de Colombia hoy, invocamos la luz del Espíritu Santo y la compañía materna de María, en sus múltiples advocaciones que la hacen tan cercana a los dolores y a las esperanzas de todos nosotros, latinoamericanos y colombianos.

A todos una feliz y productiva semana de reflexión episcopal y de acción eclesial.

+ Luis Augusto Castro Quiroga
Arzobispo de Tunja
Presidente de la Conferencia

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[1] Es desde el cambio y la renovación interior de cada uno de nosotros bolivianos que podremos revertir esta situación de inercia, desesperanza, esclavitud y muerte. Esta fuerza renovada de Cristo, desde nuestra adhesión personal y comunitaria, tiene que impregnar todas las estructuras civiles y sociales, como fermento en la masa, para que podamos deponer actitudes de confrontación y enemistad, y asumir otras de tolerancia, respeto y escucha, alcanzando un verdadero entendimiento y convivencia fraterna entre todos.

[2] Benedicto XVI, Dues Caritas Est, n. 28.

[3] Antoncich, R., Políticos católicos: testigos de Cristo en la gestión del bien común, Ed. CELAM, Bogotá, 2005, p. 85.

[4] Ver, PNUD, La democracia en América Latina, Buenos Aires, 2004, p. 13

[5] Ver, PNUD,o.c.p. 188.

[6] Es alentador señalar que entre 1990 y 1992 la desnutrición en América Latina y el caribe alcanzó el 13% de la población, cifra que disminuyó al 10% para el período comprendido entre el 2000 y el 2002, dice Marco Porto representante regional adjunto de la FAO para América Latina.

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