En el espíritu de “reavivar juntos el sí a la misión”, los misioneros de la Consolata de la Región Colombia-Ecuador, estamos reunidos en la Casa Regional IMC, en Bogotá, para la Asamblea Regional que se lleva a cabo del 13 al 17 de abril de 2015.
Participamos de la Asamblea los misioneros que trabajan en la Región, y nos acompañan el P. Dietrich Pendawazima y P. Salvador Medina (del Consejo General), representantes de México (P. Daniel Wolde Sugamo) y EE.UU. (P. Peter Ssekayugo), seminaristas de los seminarios filosófico, teológico y año de servicio.
El tema central de estos cinco días será LA FORMACIÓN PARA LA MISIÓN, donde el objetivo es buscar “a partir de la memoria de los procesos formativos en la Región, analizar y reflexionar la realidad de la formación de cara a los cambios del mundo actual, en sintonía con la propuesta formativa de Jesús a los discípulos misioneros de hoy y desde la perspectiva del espíritu de la Continentalidad como proyecto del IMC en América Latina. Con el fin de acordar criterios y acciones que nos permitan renovar el proyecto formativo de la Región”.
En la tarde, después de la apertura oficial de la Asamblea por parte del Superior Regional, P. Angelo Casadei, y de la oración inicial, se hizo una detallada presentación de la visión y de la memoria histórica de la formación en la Región, que comenzó en el año 1952.
La Asamblea continuará con la parte iluminativa, donde contaremos con la presencia del Dr. Marco Raul, de la Conferencia de Religiosos de Colombia, del P. Federico Carrasquilla y del P. Salvador Medina, Consejero General IMC. Y por fin, buscaremos de acordar criterios y acciones que nos permitan renovar el proyecto formativo de la Región.
Pedimos que nuestra Madre Consolata y el Padre Fundador sigan iluminando nuestra vida misionera para que seamos fieles a la propuesta formativa de Jesús.
La formación de cara a los cambios del mundo actual
Este segundo día de Asamblea Regional de los misioneros de la Consolata de la Región Colombia-Ecuador, comenzó con la oración inicial motivada por los formandos de los seminarios filosófico y teológico IMC. Por la mañana nos dedicamos a reflexionar en grupos buscando los aprendizajes y oportunidades para proyectar nuestra formación de base y formación permanente, en un auténtico proceso de formación continua, “reconociendo el pasado, informarnos mejor sobre el presente y aportar en la construcción del futuro con humildad y confianza”.
En seguida, el P. Daniel Sugamo, del grupo México, nos compartió sobre el camino formativo que están llevando adelante desde la simplicidad de estructuras y de la fraternidad. El P. Pendawazima, vice-superior general y responsable por la formación en el Instituto nos compartió las estadísticas de los formandos actualmente: son 331 en total, de los cuales 44 en los propedéuticos, 135 en filosofía, 24 novicios, 90 estudiantes de teología, 11 en el año de servicio y 27 haciendo especializaciones.
En la tarde, el Dr. Marco Raúl Mejía, asesor de la Conferencia de Religiosos de Colombia (CRC) nos iluminó con una conferencia sobre la formación de cara a los cambios del mundo actual. En su exposición nos recordó que “las respuestas que teníamos en un determinado momento do pasado ya no responden a las nuevas preguntas”, pues vivimos en un momento de “mutación”, que nos traen nuevas formas de producir la vida y sus sentidos, tales como son el conocimiento, la tecnología, los nuevos lenguajes, la información, la comunicación, la innovación y la investigación.
En este contexto, vivimos en una sociedad que está generando mudanzas continuamente, donde los jóvenes avanzan en muchos paradigmas que teníamos han cambiado. Mejía recordó que “es el gran problema para formar hoy es que vivimos en un mundo que cambió y los actores que formamos hoy no tienen las características que tuvimos nosotros cuando fuimos formados” y si no entendemos este escenario será difícil dar las respuestas como son necesarias a este nuevo tiempo. Dijo que “no debemos temer. El gran reto para la formación está en comprender que estamos viviendo un cambio de época, que genera transformaciones culturales, generando varias culturas juveniles”, que se tornan un desafío para nuestra praxis formativa.
Dentro de las “culturas juveniles”, resaltó que “las redes sociales están se convirtiendo en procesos y “agentes socializadores”. La información es el quinto agente socializador en el occidente, después de la política, religión, familia y escuela”.
Concluyó diciendo que “para un auténtico proceso formativo debemos valorar la interculturalidad, como fundamento”. Al mismo tiempo, exige de nosotros innovar en la manera de formar, construyendo un marco de actuación que nos lleve a construir el “humano de este tiempo, en un local determinado, desde la propuesta de Jesús y de nuestro carisma”.
Al final de este segundo día de Asamblea Regional celebramos la Eucaristía, presidida por el P. Luis Duravía, que nos compartió su vivencia de formador en seminarios y en el colegio, dejando varias inquietudes y provocaciones para que continuemos reflexionando el camino formativo, desde una auténtica coherencia de vida, responsabilidad y santidad.
Expectativas para el Año de la Vida Consagrada
¿Qué espero en particular de este Año de gracia de la Vida Consagrada? Se pregunta el Papa Francisco y nos preguntamos.
1. Que sea siempre verdad lo que dije una vez: «Donde hay religiosos hay alegría». Estamos llamados a experimentar y demostrar que Dios es capaz de colmar nuestros corazones y hacernos felices, sin necesidad de buscar nuestra felicidad en otro lado; que la auténtica fraternidad vivida en nuestras comunidades alimenta nuestra alegría; que nuestra entrega total al servicio de la Iglesia, las familias, los jóvenes, los ancianos, los pobres, nos realiza como personas y da plenitud a nuestra vida.
Que entre nosotros no se vean caras tristes, personas descontentas e insatisfechas, porque «un seguimiento triste es un triste seguimiento». También nosotros, al igual que todos los otros hombres y mujeres, sentimos las dificultades, las noches del espíritu, la decepción, la enfermedad, la pérdida de fuerzas debido a la vejez. Precisamente en esto deberíamos encontrar la «perfecta alegría», aprender a reconocer el rostro de Cristo, que se hizo en todo semejante a nosotros, y sentir por tanto la alegría de sabernos semejante a él, que no ha rehusado someterse a la cruz por amor nuestro.
En una sociedad que ostenta el culto a la eficiencia, al estado pletórico de salud, al éxito, y que margina a los pobres y excluye a los «perdedores», podemos testimoniar mediante nuestras vidas la verdad de las palabras de la Escritura: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12,10).
Bien podemos aplicar a la vida consagrada lo que escribí en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, citando una homilía de Benedicto XVI: «La Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción» (n. 14). Sí, la vida consagrada no crece cuando organizamos bellas campañas vocacionales, sino cuando los jóvenes que nos conocen se sienten atraídos por nosotros, cuando nos ven hombres y mujeres felices. Tampoco su eficacia apostólica depende de la eficiencia y el poderío de sus medios. Es vuestra vida la que debe hablar, una vida en la que se trasparenta la alegría y la belleza de vivir el Evangelio y de seguir a Cristo.
Benedicto XVI la define así: “La alegría cristiana entonces se sostiene en esta certeza: Dios está cerca, está conmigo, en la alegría y el dolor, en la salud y la enfermedad, como amigo y esposo fiel. Y esta alegría permanece en la prueba, en el mismo sufrimiento, y no se queda solo en la superficie, sino que está en el fondo de la persona que a Dios se confía y en Él confía”. Como ejemplo de esta alegría cristiana en medio de las pruebas, el papa destaca la figura de Santa Teresa de Calcuta, quien “vivía cotidianamente en contacto con la miseria, la degradación humana, la muerte. Su alma ha conocido la prueba de la noche oscura de la fe, y a pesar de ello siempre tuvo para todos la sonrisa de Dios”. (Benedicto XVI Angelus. 16 Dic 2007).
La sagrada escritura es un canto a la alegría
Estas alegrías humanas tienen para Jesús tanta mayor consistencia en cuanto son para él signos de las alegrías espirituales.
SIGNOS DE LA ALEGRIA DE UN CONSAGRADO.
Gracias consagrados misioneros.